Apatrullando la interné, by Algernon Pérez.
Algernon ha vuelto. Cerca ha estado de visitar Gitmo, pero ha conseguido escabullirse lo bastante como para enviar una nueva contribución desde Un Lugar No Identificado (TM). Reflexiones apocalípticas para un principio de verano.
Cannas en Londres
Civilización viene de 'civitas', ciudad. Y el mayor cambio producido a lo largo del sXX en la historia humana ha sido el de una masiva transferencia del campo a la ciudad; desde hace muy poco tiempo ya hay más humanos viviendo en ciudades que distribuidos por la campiña en todo el mundo. Por primera vez en nuestra historia, somos una especie 'civilizada'.
Hay sin embargo dos tipos de ciudades muy diferentes: las ciudades de Occidente, acumulaciones de riqueza, historia y arte (o sea, poder) que en sí mismas son joyas de intrincado diseño y complejo funcionamiento; podríamos considerarlas la personificación de la civilización, y su mayor logro. Y luego están las megalópolis donde vive la mayoría de los ciudadanos del planeta, las Calcuta, México DF, Teheran, El Cairo, Mumbai, Lagos... Acumulaciones monstruosas de ladrillo, cemento y hojalata del Segundo y Tercer mundo: selvas urbanas de chabolas fortificadas sin servicios, títulos de propiedad ni seguridad de ningún tipo donde millones de personas sobreviven en pésimas condiciones; crecimientos cancerosos que atraen a la gente tan sólo porque de donde vienen era todavía peor.
Las ciudades de Occidente son el ejemplo a seguir, el objetivo a alcanzar, la cazuela de oro al final del arco iris. Las otras son el Infierno, pero aspiran a ser como aquéllas, cuando sea grandes.
Lo que ocurre es que las ciudades de Occidente, su orgullo y culminación, son joyas frágiles cuya supervivencia depende de un intrincado tejido de servicios funcionando a la perfección. Sin agua, electricidad, servicios de transporte, telecomunicaciones, sofisticados sistemas logísticos, mercados, acumulaciones de capital, historia y tradición una ciudad de Occidente (pongamos, París, Madrid o Londres en 1700) no era muy diferente aparte de la escala a una ciudad actual del Tercer Mundo. Pero entre el sXVIII y la actualidad algo sucedió que ha transformado completamente las ciudades de Occidente. Riqueza. Y confianza.
La principal diferencia entre un Londres o un Madrid y un Calcuta o un Teheran es la confianza. Confianza en que volverás al atardecer a tu casa, en que hay un sistema de transporte público que funciona, en que no te atracarán, en que el conductor de enfrente respetará el semáforo. La confianza hace poderosas a las ciudades de Occidente.
Por eso Al Qaeda (o sus afiliados, o sus peones, o sus franquiciados, o quien haya sido que puso las bombas en Madrid y Londres) las ataca: porque son nuestra mayor fortaleza, y porque representan un futuro que detesta. Como Aníbal en Cannas, Al Qaeda está intentando volver nuestra mayor ventaja contra nosotros. Está tratando de utilizar la mayor de nuestras fuerzas contra nosotros, los civilizados. Quiere que las ciudades de Occidente colapsen, estranguladas por sus propios habitantes, cuando ya no crean. Quiere transformar la confianza en desconfianza, la civilización en la jungla urbana de la favela.
Su objetivo táctico son las redes de transportes, un buen sitio (pero no el único) para conseguir muchas bajas. Pero también podrían atacar campos de fútbol, o iglesias, o prostíbulos, por razones religiosas o morales. Para matar mucha gente no es imprescindible atacar el transporte público. Hay otros blancos.
Per es que el objetivo estratégico es la confianza. Y las redes de transporte son frágiles en este sentido. Obligan a confiar en el prójimo, si no quieres enloquecer. Te fuerzan a considerar que la mochila que lleva ese joven de aspecto árabe (¿o será sudamericano?) no contiene más que libros; que ese bulto que se ve bajo el asiento no es más que un periódico arrugado. La sospecha permanente en espacios diminutos de uso obligatorio es literalmente intolerable. Las molestias que sin duda causarán los nuevos procedimientos de control (retrasos, colas, malhumores) complicarán la situación. Las ciudades viven del trasiego de gente. Sin movimiento dentro y fuera de la ciudad, perecerán. La confianza en el transporte público será el primer paso. Del fin de la civilización; que, como sabemos, viene de 'civitas', ciudad...
Guerra sicológica
¿Por qué emplear suicidas en Londres? Es un método sin duda efectivo, pero caro en entrenamiento y en recursos que pueden ser de múltiple uso (como en Madrid). La única explicación plausible en este caso es su uso como arma de propaganda. Un suicida es enormemente útil e incluso imprescindible para evadir la vigilancia en contextos de elevada seguridad: cuando es imposible ir dejando bombas por ahí. Ejemplos son Israel, Sri Lanka o el actual Irak. Pero no tiene sentido para atacar blancos 'blandos'; no es económico desperdiciar misiles dirigidos en masacrar gente en manadas. Para eso basta una bomba grande e indiscriminada. En este caso se trata de un arma puramente sicológica que libera un mensaje: estamos entre vosotros. El uso de suicidas en Londres es un ataque a la integración; una forma de cavar un foso entre los musulmanes locales y el resto de la sociedad británica.
Lo están consiguiendo.
Perdiendo la guerra
La guerra de guerrillas se gana provocando la sobrerreacción del enemigo; esta sobrerreacción refuerza al guerrillero con apoyos y reclutas. Así, a partir de una estrecha base de partidarios pueden acabar sublevándose (en sucesivos ciclos de acción-respuesta-acción) sociedades enteras; es entonces cuando se ganan. En ese sentido Irak es la mayor victoria de Al Qaeda hasta el momento.
Seguida de cerca por el trágico error de Stockwell y los rumores que se están filtrando sobre Irán.
Matar inocentes porque parecen árabes y se comportan sospechosamente (¿qué significa eso?) es un perfecto cebo de acción-reacción. Aunque nada parecido a Irak, o a lo que podría ser atacar Irán (incluso con nucleares) en caso de un nuevo acto terrorista en los EEUU 'aunque no tenga nada que ver'.
Y no lo descartemos: ya lo han hecho una vez.
Llevar la guerra al limes, al confín, para alejarla del centro tenía sentido en un entorno estratégico de estados territoriales; en el limpio universo de los países con responsabilidades y las bombas con remite. Lo que estamos viendo es en parte un colapso del estado nación, que en muchas zonas del mundo (y cada vez en más de ellas) está desapareciendo a manos de otras estructuras: multinacionales, cárteles de la droga, mafias, bandas, gobiernos locales corruptos, etc. En el mundo globalizado no hay centro, ni limes. Estructural y doctrinalmente Al Qaeda está mejor preparada para la guerra que libra de lo que lo está Occidente.
Lo que significa que de momento estamos perdiendo esta guerra.
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Desde cualquier sitio, Algernon Pérez. Aplicando lógica a lo ilógico desde 1964.
Este boletín irregular debe considerarse como estrictamente off the record; ninguna parte de su contenido será citada o atribuida a Algernon Pérez o a su pobre e involuntario huésped, si bien nadie puede evitar que su contenido en bytes se vierta en otros cerebros, que después los usen como les plazca. Dado que escribo lo que me da la gana generosamente salpicado de opiniones no demostrables y factoides no atribuibles, cada palo que aguante su vela. En otras palabras, úsese con precaución, y en la cabeza no, que soy modelo de sombreros.
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