Septiembre 06, 2004

Corresponsal en la Infosfera, Episodio XX

Apatrullando la interné, by Algernon Pérez.

Más allá de la última frontera

Algernon se encuentra en Terra Incognita, más allá de las últimas lindes de la razón. Hemos entrado en un país desconocido y atroz del que salir va a ser largo y difícil, suponiendo que salgamos. No parecía posible que empeorase la situación tras el 11S y el 11M, pero los acontecimientos de la última quincena en Rusia, y especialmente lo ocurrido en Beslán, han empujado al mundo a una dimensión desconocida y terrible. Los terroristas chechenos han demostrado que la lógica terrorista linda con la barbarie. Pero su atrocidad también demuestra que la 'mano dura' tiene su propio límite, en el genocidio. Atrapados entre estas dos realidades estamos los demás habitantes del planeta. Las futuras víctimas de uno u otro bando, que se disponen a matarnos en nuestro propio nombre. Esto es el principio del fin. Del fin de la civilización.

La toma del colegio de Beslán ha cruzado una raya. Los usuarios de las tácticas terroristas han volado medios de transporte (metro, tren autobús, avión), edificios (cuarteles, iglesias, bloques de apartamentos, edificios gubernamentales, centros comerciales), secuestrado y estrellado aviones, ametrallado, atacado con morteros, volado con personas, burros y bicicletas bomba. Se han cogido rehenes en oficinas, olimpiadas, aeropuertos, hospitales y teatros. Se ha planificado, y sin duda intentado, envenenar suministros de agua, volar factorías para liberar gases tóxicos o arrasar ciudades, crear plagas. En todos estos ataques ha habido muertos que hasta los mismos terroristas calificaban de inocentes: paseantes, compradores, habitantes. Entre ellos, niños. Hasta ahora los niños eran para sus asesinos un 'daño colateral' indeseado. La misma justificación que se aplica a los niños muertos en ataques selectivos israelíes, o en bombardeos estadounidenses en Irak. La misma que justificó los civiles muertos de Guernica en adelante (Londres, Coventry, Dresden, Berlín, Tokio, Hiroshima...). Nosotros no matamos niños; fue sin querer.

Pero Beslán es diferente. Secuestrar un colegio el primer día del curso académico, deliberadamente escoger como víctimas a niños por centenares... éso es nuevo. Y más que atroz. Revela que esos terroristas ya no son reconocibles como humanos, que se encuentran en el territorio de la absoluta bestialidad, de la in-humanidad. No importa que en sus planes (dentro de sus retorcidos cerebros) nadie fuese a resultar herido, no importa quién o cómo empezó el tiroteo: quien planificó (durante meses) ese acto y lo llevó a cabo es ajeno a la raza humana. ¿Que será lo siguiente, atacar maternidades? ¿Secuestros en consultas de tocología? ¿Cómo nadie puede justificar semejante plan?

No estamos mejor en el lado de nuestros gobiernos, del bien, de la cordura. Era de esperar que lo impensable del ataque y su terrible desenlace provocasen una masiva demanda de mano dura, acompañada de justificaciones 'a posteriori' de acciones carentes de relación (Irak, Palestina) y de la tendencia a criminalizar a mil millones de personas por las acciones de un puñado de locos. La escala de la atrocidad demanda para muchos guerra a muerte y sin cuartel con sus responsables, castigos ejemplares y extraordinarios, sangre y fuego. Primero los chechenos todos, y después los musulmanes en general, deben conocer la ira de los justos. Es tiempo de patear culos.

Algernon no puede por menos que contemplar con melancólica ironía el espectáculo de partidarios de Bush e Israel, y sus políticas neocon y de acción directa, dedicados a defender al ex-KGB Putin y a justificar sus acciones, incluso con carácter retroactivo. Lo malo es que la lógica de la mano dura tampoco va a funcionar, como demuestra Beslán mismo. La frontera de la venganza estatal está aquí, clara incluso para quienes no han sido capaces de verla en la insurrección palestina en Israel. La mano dura limita con el genocidio.

Porque quien defienda mano dura con los chechenos desconoce la historia. Sencillamente no hay mucho que se pueda hacer para endurecer el trato a los chechenos por parte de los rusos, un trato que hace que la ocupación israelí de Palestina (o la estadounidense de Irak) sean un camino de rosas y unas vacaciones en hotel de cinco estrellas en uno. Los rusos han estado dando caña a saco paco a los chechenos desde hace casi dos siglos, sin pudor y sin los retortijones morales a los que somos tan proclives en Occidente. Chechenia es el caso límite, lo que ocurre cuando llevas al extremo la lógica de la mano dura. Durante siglos. Sin remordimientos ni piedad.

Y no hablamos de asesinatos selectivos al estilo israelí, o de interrogatorios 'severos' a los detenidos al estilo Abu Ghraib. Estamos hablando de una gente que tras años de revueltas y salvajes represalias fue exiliada en masa a Siberia por Stalin, de un pueblo cuyas aldeas y ciudades han sido pulverizadas en la última década por la legendaria artillería ex-soviética (la misma que mató a millones de alemanes en la Segunda Guerra Mundial), gentes que llevan años viviendo una ocupación brutal con asesinatos aleatorios, torturas habituales, desapariciones cotidianas. Chechenia lleva al menos 10 años siendo un lugar desde el que Cisjordania y Gaza parecen un paraíso, pero las lecciones son las mismas. No hay manera de aplicar más mano dura a Chechenia.

Lo cual no ha evitado Beslán.

Lo cual no es una justificación; es una descripción. Dos siglos de brutal tratamiento de la mano más dura que imaginarse pueda han acabado en esto: en terroristas tan lejos de la noción de humanidad que toman niños como rehenes. Eso es Beslán. El límite de la mano dura.

Algernon sólo es capaz de imaginarse un modo de endurecer el trato que reciben los chechenos: un genocidio industrial al estilo nazi. Porque más detenciones, más controles, más violaciones, más desapariciones y más asesinatos no van a detenerles, como no les han detenido hasta ahora. Y entonces, ¿qué?

La mano dura limita con el genocidio cuando la dureza no acaba con las atrocidades. Es el dilema al que tendrán que enfrentarse Israel, más tarde EEUU, en última instancia Europa. Aquí no hablamos de moralidad, sino de efectividad. Un puñado de locos inhumanos tienen hoy la capacidad y la voluntad de cometer cualquier impensable atrocidad en nombre de su causa. O acabamos con TODOS los locos, o tendremos atrocidades. Es tan simple como esto.

Al parecer la dureza no acaba con las atrocidades. Las amplifica. La terrible dialéctica de la acción-reacción realimenta a los dos bandos hasta que ambos se encuentran allende los límites de la humanidad. En territorio salvaje. Que es donde nos vamos a adentrar.

Porque mirando a nuestros líderes, a los Putin, los Bush, los Sharon, los Aznar y demás abogados del ojo por ojo, la lógica de la mano dura seguirá su curso. Los chechenos serán castigados, más aún, y los musulmanes recibirá su parte alícuota por compartir religión. Los supervivientes convertirán el castigo en leyenda y perpetrarán nuevas y más aberrantes atrocidades. El circulo volverá a cerrarse. Y a extenderse.

En Beslán estamos viendo el futuro de Irak, de Palestina, de Europa, más tarde de los EEUU. Un futuro en el que cualquier concentración humana (sin limite moral alguno) será un blanco potencial, cualquier vehículo un riesgo, cualquier ciudad una trampa mortal. Un futuro en el que la civilización, en el sentido etimológico ('vida de ciudad') será imposible.

La civilización descansa en la confianza: confías en que el otro conductor no se salte el semáforo, en que el obrero no deje caer el ladrillo sobre tu cabeza, en que el viandante con el que te cruzas no va a apuñalarte, en que el camarero que te sirve no va a envenenarte. Si no existe la confianza, si cualquiera a tu alrededor supone un riesgo para tu vida, entonces querrás vivir solo en el campo, donde puedas vigilar tu perímetro. Adiós a la civitas.

Algernon es pesimista. Beslán demuestra más allá de toda duda que la bíblica dinámica del ojo por ojo no funciona, pero su simplicidad y energía (y los prejuicios) convierten a la mano dura en la respuesta más emocionalmente satisfactoria. Habrá mano dura. El problema no se resolverá.

Sólo unos líderes diferentes podrían parar esta dinámica. Unos líderes capaces de resistir la tentación de la venganza, de aguantar la presión social, de encajar bajas (sí) mientras se encara el problema de otra manera (alguna que, a diferencia de la mano dura, tenga visos de funcionar). Las bestias capaces de cometer un Beslán han de ser detenidas. La mano dura relaja, pero no resuelve. Quizá sea hora de probar un enfoque pacifista con un rotundo par de gónadas, al estilo Gandhi.

Pero no creo que nadie vaya a poner este cascabel al gato.

Posted by Algernon at 01:29 PM | Comments (10)