Nuevo Diario, el proyecto de periódico de calidad y análisis en proceso desde hace más de un año, parece haber caído víctima de un ataque por debajo del cinturón. Y mucho miedo por parte de sus inversores. A juzgar por los 'haiku' de consultor que han ido rellenando el blog a su nombre, el proyecto era interesante. Pero también demasiado tradicional, y con una debilidad funesta: era de papel. La próxima vez que alguien quiera lanzar un periódico en España, tal vez deberían pensar en la Red... es mucho, muchísimo más barato. Lo cual implica depender muchísimo menos de los inversores iniciales...
Ha sido una historia larga y compleja, pero parece que la aventura de Nuevo Diario se acaba. Es la segunda vez que fallece de aguda diarrea inversora un proyecto de diario de calidad, analítico y de opinión en España en los últimos tiempos. Lógico que semejante bestia no le apetezca a nadie de entre los que son y están en esta sociedad. Lógico que, siendo tan vulnerable (por caro) un proyecto como un diario, las ideas mueran por do más pecado habían: por la financiación.
Aviso a navegantes: están mirando la solución de ese problema ahora mismo.
Si dejasen de pensar en miles de ejemplares de papel distribuidos en camiones y empezasen a hacerlo en redacciones pequeñas y crecimiento lento pero orgánico se darían cuenta de por dónde podría salir ese proyecto. Véase Slate.
Por lo demás, y con el fin de evitar que se pierda el trabajo efectuado por la incipiente redacción de Nuevo Diario, enlazamos aquí los principios fundacionales del proyecto. Que suenan a consultor desatado y a 'brainstorming' de sobremesa, todo hay que decirlo. RIP.
Los 'Haiku' de Nuevo Diario
6.11.03
Nuevo Diario no viene a quitar lectores. Viene a crearlos
7.11.03
Periodismo de síntesis, para lectores con poco tiempo
10.11.03
24 páginas los siete días de la semana
13.11.03
Una noticia extraída de PRnoticias.com y su comentario
19.11.03
Carta de Juan Kindelán a El Semanal Digital
24.11.03
Las Historias detrás de las noticias
Pues eso: que hoy es el aniversario. Y esto hay que celebrarlo. Cada año.
La filtración de Windows demuestra que cerrar el software no funciona; las consecuencias serán pleitos y virus para todos.
Hace unos días una noticia conmocionó al mundo de la informática: el código fuente de Windows era público. El código fuente son los planos sobre los que se construye el programa que funciona en su ordenador. Es imposible saber cómo está hecho un programa sin su código fuente, y por eso se guarda con celo, sobre todo el de Windows; la competencia, los escritores de virus y los 'hackers' malos están encantados de conocer las tripas del sistema operativo que usan más del 80% de los ordenadores.
Microsoft, con todos sus recursos tecnológicos y legales, no ha sido capaz de impedir que su tesoro más preciado se escape a la Red. Hoy en cualquier sistema de intercambio de ficheros entre iguales (P2P) pueden encontrarse dos paquetes de datos que contienen un poco menos de la cuarta parte del corazón de Windows. El gato está fuera de la bolsa.
Las consecuencias ya están entre nosotros, y no son agradables. La filtración está dando lugar a la creación de virus y otras agresiones que usan fallos en la estructura del sistema operativo antes desconocidos, además de a no pocas risas y comentarios entre los profesionales. Todo esto era de esperar. Más interesantes son las sugerencias de que Microsoft enterró en Windows pasarelas preferentes para sus programas, valiéndose de su virtual monopolio. Estos asuntos legales, junto con la posibilidad real de demandar por plagio a cualquier programador que se pueda demostrar que ha visto el código, mantendrán ocupados a los abogados durante meses. Pero la verdadera lección es otra.
La Fuga de Windows demuestra que la seguridad no puede alcanzarse a través de la oscuridad. Si una cerradura sólo es segura si nadie sabe cómo funciona, la puerta será vulnerable. Un simple descuido, un cotilleo, pueden poner en riesgo toda una estrucura si ésta depende del secreto. Y la información siempre acaba saliendo. Dos personas, dice el viejo proverbio, pueden guardar un secreto si una de ellas está muerta. Más de dos es imposible. La filtración puede tardar años en producirse. Pero se produce. Siempre.
Sólo es seguro de verdad lo público; aquellos sistemas que están diseñados para funcionar aunque todo el mundo conozca sus debilidades; las cerraduras cuya estructura es conocida pero que aun así son inviolables. Sólo así una filtración no pone en riesgo la seguridad; la puerta sigue cerrada por muchas fugas de información que pueda haber. Y eso se llama software libre ('open source'). Habrá que ir pensando en fomentar de verdad su uso masivo.
Clásicos modernos; las biblias del Open Source
Para saber más sobre el movimiento del software libre conviene consultar a los clásicos; textos reconocidos como fundacionales del movimiento, o que lo explican son singular talento literario y sin perder el rigor. En el primer caso está 'La Catedral y el Bazar', de Eric S. Raymond, uno de los más acérrimos defensores del concepto. En el segundo, 'En el Principio fue la Línea de Comandos', un ensayo del novelista Neal Stephenson. Ambos son tan legibles como recomendables para entender por qué este movimiento está revolucionando mucho más que la industria del software... recordemos que la cultura en su conjunto va detrás.
La Catedral y el Bazar
En el Principio fue la Línea de Comandos
Y un asunto escabroso. El día 15 de febrero de 2004 el diario español El Mundo publicó en la sección Crónica el reportaje titulado 'Pesadilla en la Idílica Misión'. Pese al infinito respeto y cariño que merecen las monjas, en especial las que se van de misiones, el reportaje en cuestión es de lo peor que ha visto en mucho tiempo el periodismo español. Lo cual ya es decir. No hubiera debido escribirse. Ya escrito, no hubiera debido publicarse. Pero una vez publicado sólo cabe rectificar.
Vaya por delante mi absoluta ignorancia de la situación en Mozambique o las mafias de trasplante de órganos (más allá de la elemental desconfianza propia del oficio). No sé si los granjeros del reportaje en cuestión se dedican al canibalismo, la pedofilia en serie o el tráfico de diamantes envueltos en carne humana picada. O a cosas ilegales pero bastante menos escabrosas, como las adopciones ilegales.
Lo que sí se es que un reportaje que contiene la siguiente frase nunca hubiera debido publicarse:
"Y aunque las pruebas son difusas ... blah, blah, blah ... los hechos son incuestionables".
¿Me diga lo qué?
El reportaje acusa a una pareja de granjeros blancos de dedicarse al tráfico de órganos humanos sin que en ningún momento el periodista hable con los acusados, con la policía o con expertos en trasplantes. Cuando se cita (en un despiece) algo de conocimiento médico resulta que es para desmentir que los órganos infantiles sirvan para trasplantes a adultos. Las razones de las acusaciones parecen ser que los muy malosos de los blancos en cuestión no se relacionan con sus vecinas las monjas, que su finca tiene una puerta al aeropuerto y que en éste aterrizan avionetas (sorpresa). Incluso de noche. Hasta con luces de coche marcando la pista.
Sí, también hay una serie de asesinatos y cadáveres encontrados 'vaciados' (sin ojos, corazón ni riñones), pero no se nos dice si esas heridas eran quirúrgicas (los animales, abundantes en África, suelen comerse esas partes de los cadáveres primero). Sólo se nos informa de que la primera víctima conocida fue enterrada "sin practicar autopsia alguna", sin decirnos si es un procedimiento habitual en el norte de Mozambique. Suena, eso sí, ominoso.
La prueba principal del delito parece ser un listillo que se equivocó de puerta al ir a vender un niño. ¿Y si resulta que tras escuchar rumores sobre los 'brancos comepersonas' el fulano en cuestión decidió por su cuenta vender al primer crío que encontró? ¿Y si los blancos en cuestión nada sabían del 'tráfico'? El periodista no lo investiga.
Las monjitas españolas, bienintencionadas sin duda, son "nada sospechosas de haberse vuelto locas o paranoicas" pero confiesan que al principio no hacían caso de los rumores "porque este pueblo, como la mayoría de los africanos, es muy supersticioso y enseguida empiezan estas cosas".
Empiezan a sospechar cuando los meninos da rúa les dicen que sus compañeros presuntamente desaparecidos (no hay censos) "soy con hombres brancos, que le pegaron en seus carros" a pesar de que sor Juliana reconoce que "estas cosas, por desgracia, son frecuentes entre la gente pobre de este continente".
Las declaraciones de los niños testigos supuestamente fugados de la mafia de tráfico de órganos son incoherentes; no se les toman muestras de sangre y tejidos (imprescindibles), se les mantiene sedados (contraproducente para conservar los órganos), o bien se los llevan en lotes de 5 (¿cuántos trasplantes se llevan a cabo a la vez? un cadáver da para varios), pero luego mandan a los niños cautivos... a comprar el pan.
Y respecto a los casos de raptos y robos de niños, todos ellos suenan a leyenda urbana (o en este caso, rural): "un hombre llega a una casa donde hay una mujer con seis hijos", "una mujer que dice ser funcionaria de la administración local", "los desesperados padres... fueron a lanzar un anuncio"... Historias que se suceden; aunque "es difícil comprobar su veracidad" resulta (?!?) que "los hechos están ahí".
"La duda es saber si los órganos son extraídos aquí o se llevan para afuera", dice la presidenta de la Liga de Derechos Humanos de Mozambique. Aunque si hay cadáveres supuestamente 'vaciados' cabe deducir que se extraen 'in situ'... pero deben transportarse a hospitales con capacidad para hacer trasplantes (no parece que Nampula tenga muchos). Los órganos extraídos duran un número muy reducido de horas; 4 a 6 para un corazón; 8 para el hígado. Una excelente pista a seguir, que ni se nombra.
Tampoco llaman la atención del editor expresiones como "casas de blancos potentados", "autoridades locales y hombres blancos", "a pesar de que los blancos no son bien vistos su número se ha multiplicado en los últimos meses", "el hombre del saco", etc... El dato relevante aquí es que en África (y por muy buenas razones históricas) el 'coco' es blanco. Si ocurriese al revés lo llamaríamos racismo.
Finalmente, otro párrafo de antología: "Los residentes aquí de toda la vida confiesan con sorpresa el aumento de coches de lujo en la zona y el florecimiento de casas nuevas en algunos barrios de la ciudad cuyos dueños no tienen oficio conocido. Puede que se trate de traficantes de armas o de drogas. Pero puede también que sean de los propios traficantes de órganos".
En fin, que el reportaje emite tantas señales de alarma (falta de datos, falta de entrevistas, falta de 'background', sospechas de leyenda urbana, racismo, conspiranoia, periodismo mal hecho) que nunca, jamás debiera haberse permitido su publicación. El Jefe de Sección, el Redactor Jefe o el Subdirector debieran haberlo parado en seco.
Si los granjeros blancos en cuestión (de los que hay hasta foto, aparentemente procedente de una revista) leyesen el reportaje, habría demandas por injurias.
Lo peor de todo es que es posible que las monjitas tengan razón y una malvada organización de blancos malosos conchabados con el gobierno de Mozambique y con conexiones en Sudáfrica e Israel estén secuestrando y troceando a la infancia africana para trasplantar sus tejidos a gordos millonarios de Occidente. Pero a lo que es por este reportaje, jamás lo sabremos.
Por mucho menos que esto en los periódicos estadounidenses echan a un tío... o en este caso, al menos a cuatro (redactor, jefe de sección, editor y subdirector).
Donde todo el mundo regala es muy difícil vender; pero no imposible... poco a poco aparecen nuevos modelos. Y funcionan. El arquetipo del vendedor es alguien capaz de vender neveras en el polo. No es nada fácil vender algo que alrededor se regala; las estrategias posibles son muy pocas. Si aquello que se regala es lo bastante bueno, puede que ninguna. Es por eso que los periódicos convencionales sufren cuando llega a un mercado 20 minutos. Y es por eso que resulta tan difícil ganar dinero produciendo contenidos (imágenes, música, textos, noticias) en Internet.
Es difícil competir con más (muchas más) de 3.000 millones de páginas web que hay ahí fuera. Cada ser humano que navega tiene tan sólo dos ojos, y la mayoría no pasa el día entero delante de la pantalla. Eso significa que por cada par de ojos hay miles, centenares de miles de páginas que compiten por conseguir ser leídas. Y la mayoría de ellas son gratis. Quien pretende cobrar a la entrada de sus páginas lo tiene claro.
Pero por otra parte la otra vía de conseguir ingresos, la publicidad (que es la utilizada por este periódico), no acaba de arrancar en la Red. Los efectos retardados de la Burbuja, la ineficacia de los sistemas de medida, la desconfianza de los ejecutivos y el exceso de oferta se combinan para que la venta de publicidad en la Red sea harto difícil. Crece, sí, pero sigue siendo insuficiente.
Así que ¿es imposible comer de lo que uno produce en Internet?
Nuevas ideas
Erase una vez un grupo de intrépidos programadores capitaneados por un finlandés amante de los pingüinos que se propusieron fabricar un sistema operativo. Éste programa es el alma del ordenador, aquello que transforma un puñado de circuitos electrónicos en una máquina capaz de alegrarnos (y complicarnos) la vida. Se encarga de las funciones más básicas del ordenador permitiendo que otros programas e dediquen a cosas más elevadas sin tener que preocuparse de saber cómo utilizar la pantalla, por ejemplo. El más conocido e la informática se llama Windows. Pues bien, el finlandés un heterogéneo grupo de amigos se dedicaron a crear otro completamente diferente, más potente, flexible y robusto, a prueba de virus informáticos y, sobre todo, libre. Lo cual de paso significa que es también gratis. Y se llama Linux.
Linux se regala. Y sin embargo a su alrededor ha surgido un negocio multimillonario. Nadie puede vender Linux (técnicamente sí que pueden, pero sólo si además lo regalan... lo cual tiende a reducir los precios a cero), pero mucha gente vive de Linux. De instalarlo, mantenerlo y adaptarlo; de crear nuevas aplicaciones que corren sobre él; de organizar y empaquetar CDs que contienen todo lo que uno necesita para instalarlo sin mucho problema; de desarrollar grandes instalaciones empresariales... El software libre ('Open Source') ha demostrado con creces que regalar puede ser un buen negocio.
Otro ejemplo es el del escritor estadounidense de ciencia ficción Cory Doctorow, que acaba de publicar su segunda novela titulada Eastern Standard Tribe. Con una peculiaridad; tanto ésta como su primera novela (Down and Out in the Magic Kingdom) y un libro intermedio de cuentos (A place so Foreign and eight more) los ha publicado a la vez en papel y en la Red. Gratis. En múltiples formatos. ¿Que gana con ello? Vender centenares de miles de copias de papel. Leer en pantalla es posible, pero incómodo.
Playboy.com, por su parte, tolera la 'piratería'. Decenas de miles de sus fotos de voluptuosas señoritas despojadas de vestimenta aparecen en páginas web de toda la Red. Sin embargo Playboy.com no persigue más que a aquellas que trata de cobrar por las fotos robadas. aquellos que las exhiben gratis no son perseguidos; Playboy.com considera que es una forma de márketing, y que quienes ve sus fotos en algún rincón de la Red acabarán visitando la página original.
Poco a poco aparecen nuevas formas de enfocar el negocio en Internet. eso es bueno para todos; negociantes y navegantes en general. Porque si no hay negocio se reducirá la variedad de contenidos disponibles, y habrá menos cosas de interés. Canto más dinero se gane, mejor para todos. Es sólo que no es necesario cobrar a la entrada... si se tiene buen género y un poco de imaginación.
Nuevas leyes hacen falta
Las leyes españolas de propiedad intelectual necesitan un cambio. Todo el mundo lo dice; los editores, que la quieren aún más draconiana; los autores, que quieren más libertad a la hora de gestionar sus derechos; los consumidores, que exigen que no se reduzcan los que ya poseen y quieren que aumente la oferta; y los políticos, que desean que el país se convierta en un foco de desarrollo en el nuevo mundo de la Red. Cuadrar este círculo no va a ser fácil. Pero en mero aumento de las protecciones, de los cierres y candados de la propiedad intelectual, no va a servir. Ni va a ser aceptado ciegamente por los consumidores/votantes. El respeto de los tradicionales derechos de copia privada, la extensión al intercambio de copias 'entre iguales' (P2P), la adaptación de las licencias tipo 'copyleft' al estilo Creative Commons, la reforma del papel de las entidades gestoras de derechos y sus poderes... serán cuestiones clave para cualquier reforma. Y también para el futuro económico y hasta político del país...
Ley de Propiedad Intelectual de 1996