Prueba superada. Ya tenemos caídos en emboscada en Irak, trampas, cuerpos chamuscados, imágenes de televisión de iraquíes bailando sobre cadáveres; el 'Paquete Mogadiscio' completo. Ya conocemos el contenido de las tarjetas que los ministros (y sobre todo Aznar y Trillo) han estado llevando encima desde hace meses junto a la corbata negra, para decir lo que tenían que decir en el momento oportuno, que todos sabíamos iba a llegar. Ya tenemos a Izquierda Unida solicitando la inmediata retirada, al PSOE trastablilleando con la respuesta, al PP convirtiendo la consecuencia de la ocupación en la causa de la ocupación... Ya tenemos a los indignados que cabía esperar; a los defensores que cabía predecir, a los intelectuales que iban de todas todas a decir 'Pero, por otra parte...'
Ya tenemos el 'kit' completo de miembros de pleno derecho de la 'Coalición'.
Y ahora, ¿qué?
¿Con los nuestros, con razón o sin ella? ¿Retirada, demostrando que la violencia indiscriminada y salvaje rinde? ¿Dar la razón a los que avisaron desde siempre de que Irak era cuna del terrorismo? ¿Comprender a los que matan a unos soldados que, profesionales que eran, cumplían con su deber? ¿Comprenderlos, aunque las víctimas sean de los nuestros?
Lo peor de este follón es que nos ha convertido a todos en ocupantes. Los españoles, queramos o no; estemos de acuerdo o no con la decisión tomada por nuestro gobierno, somos blancos legítimos, en tanto que país ocupante (si no atacante). De hecho, la situación es tal que todos los occidentales somos blancos; no creo que los atacantes de Swaira supieran siquiera que atacaban a españoles. Eran 'rostros pálidos' en coches de los ocupantes. Por tanto, enemigos. Como nosotros.
Nos han convertido en enemigos de medio mundo, en contra de nuestra voluntad.
Tristeza, furia, resquemor, resentimiento, presciencia... qué ardiente mezcla. Qué desazón. Qué duda. ¿Y ahora, qué?
Una avería en un cable trasatlántico ha destacado la pasada semana que la Red es vulnerable... incluso físicamente.
Internet redirige automáticamente el tráfico alrededor de cualquier corte, de modo que es superresistente a cualquier interrupción; hasta sobreviviría a un ataque nuclear. Debido a lo tupido de sus mallas, ninguna interrupción puntual podría cortar sus caminos. O eso dicen. La realidad es que casi todo el tráfico intercontinental de telefonía (y, por tanto, de Internet) está concentrado en apenas un puñado de cables submarinos; unas pocas hebras de las que cuelga en buena parte la civilización actual. Como ha demostrado esta semana la avería en TAT-14, uno de esos cables trasatlánticos, que ha complicado inmensamente la navegación desde el Reino Unido y en toda Europa.
No llegan a 20 los cables que cruzan el Atlántico. Por ellos viaja cada conversación telefónica entre América (del Norte y del Sur) y Europa; cada correo electrónico, cada página web con origen o destino en la otra orilla e, incluso, muchas páginas locales que encuentran más rápido el camino más largo. Los cables son obras monumentales pero ocultas; construcciones de 5 o 10.000 kilómetros de longitud diseñadas con altísima tecnología y para durar decenios, depositadas a profundidades de cuatro kilómetros por barcos especializados y que jamás vemos. Pero que forman la tela de araña que engloba al mundo.
Desde que el primer cable telegráfico trasatlántico operativo se tendió entra Cornualles y Nueva Escocia en 1866, estas ocultas maravillas de la ingeniería transportan nuestras ideas a velocidad de vértigo. Su existencia misma ha hecho posible la Red. Su importancia es tal que se consideran activos estratégicos; entre las primeras operaciones bélicas de ambas guerras mundiales estuvieron el corte (y 'secuestro') de los cables submarinos alemanes por parte de los aliados.
Pero su importancia es mucho más cercana. El simple fallo de uno de estos cables, como el del TAT-14 esta semana, afecta especialmente a Internet. Los mensajes llegan, pero retrasados; las páginas web no se descargan, y la exasperación sube. Según la economía mundial se hace cada vez más dependiente de este tipo de infraestructuras, la vulnerabilidad aumenta. Y todo por que la Red es sorprendentemente poco tupida... apenas una veintena de hebras.
Hilos de vidrio; cables transoceánicos
Para saber más de cables submarinos hay un destino obligatorio: el Comité Internacional de protección de cables (ISCPC en sus siglas inglesas), que mantiene una página web donde puede hallarse historia y tecnología de los cables submarinos, así como mapas, noticias y enlaces varios. Más detallada información puede obtenerse en TeleGeography, una empresa dedicada a crear atlas con todo tipo de datos sobre transmisión de información. Sus mapas son hermosos y sorprendentes. Otros tipos de cartografía ofrece An Atlas of Cyberspaces, donde no sólo los cables están representados; también la geografía conceptual de la Red tiene un hueco.
ISCPC
TeleGeography
An Atlas of Cyberspaces
O por qué fracasará el nuevo videoclub digital de la SGAE: una cuestión de números.
El cine tiene un problema. No el Séptimo Arte, entiéndase bien, para el que las técnicas asociadas a la digitalización (y la democratización creativa que permiten) pueden suponer una época de esplendor sin parangón. Quien tiene un problema, y serio, es el negocio del cine tal y como está montado hoy día. Como otras veces antes, la industria filmográfica se queja amargamente de que los avances de la tecnología van a arruinar su negocio; la última vez fue el vídeo doméstico, que hoy supone el 60% de sus ingresos. En cualquier caso, y siempre generosa, la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) ha salido al quite, presentando en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva su novísimo videoclub digital Accine.com, una novedosa plataforma de vídeo 'on demand'. Que no va a funcionar, por una cuestión de números.
Veamos cómo funciona. En Accine.com hay películas (de momento, pocas) en forma de grandes ficheros de imagen. Estos ficheros pueden ser descargados en un ordenador vía línea ADSL o cable (con un módem tardarían meses), o bien distribuidos vía CDs repartidos con revistas o en las tapas de Cola Cao. ¿Cómo?, se preguntará algún avisado, ¿pero es que SGAE regala el cine? No; aunque esta labor de promoción cinematográfica sí que sería eficaz, Accine.com se basa en que usted no puede ver esa película aunque el fichero esté en su máquina. Para ello debe acceder al web de Accine.com, abonar una cantidad más o menos módica y recibir una clave. Éste numerito (la clave), único y generado sobre la marcha, le permitirá disfrutar a sus anchas de la película... durante 48 horas. Después se inactivará, y el enooorme fichero quedará una vez más yerto e imposible de usar... hasta que abone de nuevo.
Dejemos aparte el hecho de que un esquema similar de limitación temporal pero con DVDs autodestructibles ha sido puesto a prueba (y ha fracasado) en los EEUU. Olvidemos, incluso, el insignificante detalle de que usted desea la película en su televisor, y no en su Pc conectado a Internet... de modo que hasta dentro de algún que otro año tendrá poca demanda.
Aún así, no puede funcionar.
Es un problema numérico. No cabe duda de que SDAE, la Sociedad Digital de Autores y Editores, filial tecnológica de SGAE, habrá hecho un buen trabajo en el desarrollo del sistema. Es cierto que los algoritmos criptológicos empleados, el corazón del método de claves que 'protege' las películas, no son públicos; uno de los pecados capitales de cualquier criptografía según el conocido experto Bruce Schneier. Es verdad que al no haber sido puestos a prueba en el mundo real la fortaleza de sus cerrojos digitales es desconocida. Pero aunque fuera el más conocido y seguro sistema de criptografía digital del planeta, estaría condenado al fracaso. Porque será reventado.
Piense en cuánta gente lista y experta en criptografía puede haber contratado SDAE. ¿Uno, diez, un centenar? Pues por cada uno de estos expertos hay al menos 10 en Internet esperando a que el sistema se ponga en marcha para descerrajarlo. Ni tan siquiera están pensando en las películas; es una cuestión de honor, y de curiosidad. Por sutil que sea el sistema técnico, por profundos que sean sus matemáticos, ahí fuera hay más matemáticos más profundos todavía. Si SGAE saca su candado digital, en meses (a lo sumo) estará roto, y habrá en la calle un generador de claves, o un ejecutable que abra la película sin ella.
Entonces SGAE pondrá el grito en el cielo, y pedirá reformas de la legislación penal y la inmediata acción policial. Pero eso es otra historia; y además, inútil. No se puede luchar con una tormenta de arena. Es una cuestión de números.
Su videoclub... y mucho más
La tienda de vídeo on demand de la SGAE no es su único proyecto. Además está CREA.net, un mercado audiovisual online, y Lacentraldigital.com, una plataforma de servicios para la gestión integral del mercado de la cultura, el ocio y el entretenimiento. Proyectos ambos que nacen de PortalLatino, el mercado de música de la SGAE. Juntos todos estos proyectos forman un sistema que de ser utilizado permitiría a la SGAE y sus empresas asociadas controlar todos los aspectos de loa creación de cualquier obra digital (o digitalizable), desde la primera idea hasta el consumidor final. Facilitando cada paso... y cobrando por ello. Piénselo: un sistema orwelliano de producción cultural centralizada y de pago. Por ahora no supone un problema... claro que una buena reforma legal podría hacerlo obligatorio. Y entonces, ¿qué?
CREA.net
La Central Digital
Portal Latino
Todos somos, en el fondo de nuestro corazoncito, escritores; todos llevamos una novela en el corazón. La inmensa mayoría de nosotros ni nos molestamos en escribirla. Algunos, héroes o sufridores, son lo bastante generosos como para verter sus sueños al papel para que otros los leamos. Si es que un editor tiene a bien poner sus pensamientos en papel. Eso se acabó; lo que yo quiero leer es la novela, el papel donde está impresa no sirve más que para darle el poder (y el dinero) al editor. A partir de ahora sólo quiero novelas electrónicas; las del próximo milenio, las Novelas de Coheterías.
¿Y el autor?, puede uno preguntarse. Legítimamente; porque el autor somos todos, y por tanto a todos nos interesa que se le trate bien. La idea es eliminar al editor y al librero (con sus respectivas comisiones), haciendo de la literatura lo que siempre quiso ser pero nunca pudo: una relación directa autor-lector. De tal forma organizada que a) el autor cobre más, y b) el lector pague menos.
¿Es posible tamaña maravilla?, se preguntarán la inmensa mayoría de nuestros lectores (excepto editores y libreros, claro). Pues sí, posible es. Fácil no. Mucha gente lleva mucho tiempo viviendo de intermediar en el mercado de las palabras. Hay industrias enteras que se dedican a ello, al igual que en la música o las imágenes. La tecnología bajo Internet convierte estos tres problemas en uno sólo, y así quien resuelva cualquiera de ellos se llevará el gato al agua. ¿Cómo protegemos los derechos de autor en Internet?
La Propiedad Intelectual es una forma escabrosa y complicada de propiedad, puesto que los bites se reproducen infinitamente a coste cero. Si yo tengo un ladrillo tú no lo tienen, pero desgraciadamente ambos podemos compartir una canción de Ricky Martin (ay!). Los intermediarios no sólo se han llevado comisiones, hay que reconocerlo; también han recaudado para el autor sus ingresos, los Derechos de Autor (y los han protegido de piratas). El resultado: la tarifa estándar de Derechos para un novelista normal (si es que existe tal cosa, pero excluyendo superestrellas) ronda el 10-15% del precio de venta. El 85% restante (en el mejor de los casos) se pierde en editores, distribuidores, libreros, sociedades de recaudación de derechos de autor...
Ahora imaginemos un nodo, una novela, un sistema de venta. El autor y el lector; un pago. El precio: la mitad del que tenía antes (lector, -50%). Ingresos para el autor: un 100% superiores. Voilá; la multiplicación de los panes y los peces.
Naturalmente todo esto no es tan simple. Hay editores virtuales, y los habrá; porque tareas como la promoción las tendrá que hacer alguien. Sencillamente no podrán cobrar lo que cobran hoy; los autores que ellos rechacen no se quedarán fuera del mercado, los precios bajarán, más gente leerá libros, y seremos todos como Brad Pitt y Valeria Mazza, respectivamente, pero con alitas.....
Bueno, tal vez no. Antes habrá que resolver lo de los derechos de autor e inventar un buen sistema de micropagos que permita. Por ejemplo, pagar por canción escuchada u hoja de libro leída y que tenga sentido económico. Los medios de pago actuales, las tarjetas de crédito, tienen un mínimo bastante elevado; sólo el dinero electrónico de verdad podría superar este problema. Pero los primeros intentos, como DigiCash, CyberCash o Mondex o no van muy bien o no se desarrollan mucho; demasiados problemas (impuestos, principalmente). Tal vez sistemas como X.com, que permiten transferir dinero de forma barata vía Red, sean un sustituto...
De momento ya hay editoriales funcionando y autores publicando. En España está Manuscritos.com, puesta en marcha por esta santa casa. Pero en las américas hay muchas. Una de las cuales, Mightywords, tienen entre sus obras ‘Aspirins in the Ocean’, una novela en inglés escrita por la española Micaela de la Maza, por 6 dólares (850 pesetillas). Lo que costaba la muy publicitada ‘Riding the Bullet’ de Stephen King, antes de que la pirateasen... sólo que la española publicó muuucho antes. Y es que las editoriales le ven las orejas al lobo, y hoy por hoy los autores conocidos no se arriesgan.
Es el momento de los noveles. A por ellos.
Enlaces (algunos difuntos):
Información sobre Propiedad Intelectual
Información sobre Publicación Electrónica
Una editorial electrónica española
Una editorial electrónica estadounidense (propiedad de una ciberlibrería, Fatbrain)
Dinero electrónico, todo lo que se necesita saber
Los tres más conocidos acuñadores de monedas virtuales con valor real; Digicash, Cybercash, Mondex
Un nuevo método de hacer pagos en la Red
Publicado en Generación XXI, abril 2000
Pingüinos voladores que atacan al hombre. Asaltos coordinados a las delegaciones de empresas serias, reputadas y aborrecidas. Construcción de catedrales y mercadeo en bazares. Estudiantes finlandeses decididos a liberar el mundo. Y un evangelio que habla de coches y tanques: En el Principio era la Línea de Comando. La locura domina el mundo. Si es que hay suerte.
Antes el software era un asunto de gente seria. De empresas serias. Grandes corporaciones, con grandes y pulidos edificios llenos de trabajadores con chaquetas y corbatas y camisas blancas y maletines, con sus jefes, sus aparcamientos, sus horarios de trabajo y sus servicios de ejecutivos. IBM, Bull, Computer Associates, EDS, Nixdorf, Digital, Univac; ésos eran los lugares donde ir, las empresas para las que trabajar. Si lo tuyo era escribir en COBOL o FORTRAN, o programar en VMS, o en cualquier sistema operativo serio de verdad. Líneas y líneas de código que nadie en el planeta podía entender. Chistes y tacos en las líneas de comentarios, documentación inexistente fuera de tu cerebro, el despido imposible...
Ah, los tiempos del software serio. Había ordenadores serios, entonces. Grandes máquinas que hacían el mismo ruido que un reactor y estaban construidas con seriedad y chapa de acorazado; que necesitaban la infraestructura y el cuidado de una central nuclear. Ah, aquellos sistemas de refrigeración... Los Convex, los IBM 360, los DEC Alpha, los VAX... los Cray, ay, los Cray... Con sus diabólicas arquitecturas cuyos secretos tan sólo unos pocos alcanzaban a conocer, y jamás compartían. Con sus manías, trucos y peculiaridades. Aquellos días, en los que cuando querías computar tenías que empezar tallando silicio, para después crear de la nada tu propio sistema operativo y construir sobre él la aplicación correspondiente...
Esos melenudos de Microsoft al menos supieron mantener la tradición en algunas cosas. No en vano empezaron como suministradores de IBM... fabricando cosas serias, como sistemas operativos, para esas ridículas maquinitas que los PCs. Y un sistema operativo decente, el DOS, no como esa soplamemez de Windows que hicieron cuando todos los débiles de corazón fueron a pedirles sopitas... La culpa es de los imbéciles de Apple, esos, sí, que sacaron del Xerox PARC la peligrosísima idea de las ventanas, y los ratoncitos para interactuar con el ordenador...
¿Acaso no tenían bastante con las tarjetas perforadas? ¿Y las cintas magnéticas? No, querían facilidad de uso, querían que sus maquinitas pudiese utilizarlas cualquiera. Como si la fortaleza de carácter y la inteligencia necesarias estuviesen al alcance de todo el mundo. Já.
Microsoft sí que sabe. Sus programas son gordos, oscuros, difíciles, peligrosamente inestables, incompatibles con otras aplicaciones. Pues claro: se distingue el estilo de un gran programador ahí. ¿Quién quiere que cualquiera meta mano en su trabajo? ¿Qué cualquiera pueda reparar los problemas que uno ha dejado, trabajosamente, colgando para asegurarse de que no le echen? ¿Quién quiere vender un sistema operativo que dure toda la vida?
Y el finlandés; el Linus Torvalds ése. Nórdico tenía que ser. Va y adapta Unix, que era algo medianamente serio, para usarlo en cajitas de cartón. Y encima lo hace... ¡publicando el código fuente! Dejando al descubierto, completamente al desnudo, sus habilidades y sus errores, sus defectos y sus puntos débiles para que cualquiera (cualquiera) los vea. Porque lo publica en Internet. El tío.
Dicen que le atacó un pingüino de joven. Dicen que le mordió, y debió pegarle algo. No me extrañaría. Esas ideas no son normales, no. Por eso el logo es ese maldito pingüino. Tux; muy apropiado. Cuando vuele, dicen algunos que instalarán Linux en sus máquinas. Yo, jamás. ¿Programas desarrollados por adolescentes obsesivos repartidos por el mundo? ¿Sistemas operativos que no se cuelgan, en los que la ayuda es gratis y depende de la amabilidad de los extraños? ¿Sin jefes, sin plazos de tiempo, sin disponibilidades comerciales, sin garantías por escrito?
Pero ¿quién se han creído que son? ¿Qué es lo que quieren, el caos, la revolución... la locura?
¿Qué...?
Enlaces:
Eric S. Raymond, Escritos (entre ellos, La Catedral y el Bazar)
La Catedral y el Bazar, en español
Tras años de protestas de los usuarios y después de ser adelantado por Opera y Google, Microsoft se rinde: la próxima generación de Explorer bloqueará los 'popups'.
Adiós a la publicidad incordio. Han hecho falta años de protestas, el uso masivo de programas especializados difíciles de encontrar, la entrada de pesos pesados en el área (Google, Opera) y el generalizado odio de los internautas, pero parece que por fin Microsoft ha escuchado. La siguiente generación del navegador Microsoft Explorer (más del 80% de los usados en la Red), que saldrá hacia enero del próximo año, dispondrá de un mecanismo de bloqueo de 'popups'.
Nunca más volverán a secuestrar nuestra pantalla esas ventanas no solicitadas, disparadas por los anunciantes sin tener en cuenta nuestros deseos, robando el espacio de pantalla que nosotros queremos dedicar a otras cosas. También serán historia los 'popunder', esos escurridizos anuncios diseñados para aparecer debajo de nuestras ventanas y esperar, agazapados, a nuestro descuido. Mentira parece que haya hecho falta tanto esfuerzo para eliminarlos, cuando anunciantes y medios de comunicación hubiesen debido caer en la cuenta de que eran un mal negocio.
Con esto tal vez la publicidad en la Red empiece a recuperar un mínimo de inteligencia.
La idea de incordiar a los clientes para sobrevivir debe recordarse como una de las más peregrinas de la historia. Anunciantes y medios de comunicación online olvidaron a quién debían rendir pleitesía (sus lectores/posibles clientes), y llegaron a la conclusión de que la mejor forma de conseguir el cariño popular era meter el dedo en el ojo de aquellos a quienes querían cortejar.
Los números mandan
Igual no es coincidencia que según desaparecen los tipos más agresivos de publicidad el mercado crece. Según un estudio del Internet Advertising Bureau (IAB, patronal de los anunciantes cibernáuticos) durante el segundo trimestre del año el total de dinero gastado en publicidad en la Red creció casi un 14%. Curiosamente, el segmento que más crece es el que menos estorba al usuario: las búsquedas subvencionadas.
En esta modalidad publicitaria un anunciante asocia su promoción con un término de búsqueda en un buscador (Google, Yahoo! o cualquier otro) de tal manera que cuando uno busca, supongamos, bicicleta o ciclismo el anuncio que sale es de material ciclista. La ventaja fundamental para el usuario es que los anuncios están relacionados con aquello que uno busca, de modo que no estorban. Al contrario; son útiles. Y para el anunciante lo importante es saber que quienes ven su anuncio es porque quieren.
Este tipo de anuncios, informa la IAB, han crecido en un año del 9 al 31% del total de la publicidad internauta, mientras los banners han caído del 32 al 22%. Las esponsorizaciones, mientras tanto, bajan del 24 al 11%; los anunciantes prefieren las asociaciones automáticas.
Los métodos más agresivos (popups, popunders, animaciones, etc) ni tan siquiera aparecen. Desde enero, tampoco en sus pantallas; la racionalidad empieza a regresar a la Red.
Hasta enero; cómo vivir sin popups
Métodos hay varios. El más sencillo (y que más rabia le da a Microsoft) es no esperar a enero e instalarse una útil herramienta de Google denominada Toolbar (barra de herramientas). Una vez instalado, este plug-in (programa complementario) no sólo elimina los popups, sino que permite hacer búsquedas directas desde cualquier parte en Google. Y se puede instalar en castellano. Otra alternativa es instalar un programa específico, como el Popup Killer de Adsgone. O cualquiera de las alternativas disponibles en Popupkillersoftware, algunas de las cuales son gratuitas. Y es que eliminar esta molestia de nuestras vidas es posible. Incluso antes de enero.
Google Toolbar
Adsgone Popup Killer
Popupkillersoftware
Ahora que empezamos a darnos cuenta de que el exceso de Propiedad Intelectual (PI) puede ser peligroso, y hasta mortal para el pensamiento; ahora que de verdad estamos movilizándonos para limitar los abusos y devolver el equilibrio a la noción de creación, nuestros mayores se dedican como castores a crear nuevos tipos de PI... que se puedan aplicar incluso a material cuyo autor lo ha liberado con una licencia tipo copyleft.
A ver si me explico: estos señores de la Organización Internacional de la Propiedad Intelectual (OMPI), quienes hace poco consideraban que las ideas mismas de Open Source y copyleft eran contrarias a su filosofía, están intentando crear un sistema en el cual el autor de una obra puede dejarla en abierto, pero el intermediario (la radio que la emite, la televisión que la programa, el portal que lo publica en la Red) pueda cerrarla con un derecho de 'webcast'. Repito: tal y como yo lo entiendo (y ojalá me equivoque) el intermediario emisor va a tener derecho a cerrar las obras que emita en la Red.
Es decir, que mientras autores y receptores de obras de creación digital estamos intentando desarrollar ideas que nos permitan reducir el poder de los intermediarios, la OMPI se dedica a inventar nuevos candados para que los utilicen... ¿Generará el paso de bits un derecho de propiedad intelectual a la telefónica de turno? ¿Por qué no al proveedor de acceso? ¿Y al fabricante del ordenador? ¿No debiera la compañía electrica cobrar por el material generado en una máquina enchufada a su red? ¿Se están volviendo locos los gobiernos del mundo?
Ah; perdón: leo que la idea es del Gobierno W. Bush.
Como todas las suyas, entonces.
Publicado en muyinteresante.es
La información en la Red se ha triplicado en dos años y no da signos de parar. La enfermedad del futuro se llama infoxicación.
La infoxicación es lo que uno tiene cuando la información que le rodea, o aquello que uno cree debiera saber, supera nuestra capacidad de asimilación. Es como una indigestión de información provocada por la incesante lluvia de datos, nombres, números, acciones y reacciones que caen sobre nosotros. Desde la forma de usar el móvil a la región de Irak ocupada por las tropas españolas pasando por las proyecciones de venta de la empresa del mes que viene y el cumpleaños del niño, cada día nos hace falta manejar más información para simplemente sobrevivir. Se dice que un ejemplar de la edición dominical de The New York Times contiene más información de la que un ciudadano británico del sXV podía ver en toda su vida. Y el problema no hace más que empeorar. Un estudio realizado en EEUU indica que sólo en Internet la información disponible vía web se ha multiplicado por tres en menos de dos años.
La información crece. Y el número de lectores también, Pero lo hace más lentamente. En dos años la información se ha triplicado, pero el número de navegantes en todo el planeta no habrá crecido en más de un tercio (de unos 500 a unos 700 millones). La ecología de la información está sufriendo un tremendo vuelco.
La economía elemental indica que la escasez engendra valor. Si los diamantes fuesen como la arena no valdrían nada; si el agua sólo manase de una fuente valdría más que el oro. Durante milenios la información ha sido tan escasa que se consideraba sinónimo del poder. Porque la información era poder; y porque sólo los que tenían poder obtenían información. Hasta tal punto llega a ser grande la ventaja de tener información que a veces es delito utilizarla; y hablamos de Información Privilegiada... cuyo uso puede dar con sus huesos en la cárcel.
Pero ahora la información está pasando de ser escasa como el oro a común como el agua. Incluso amenaza con ahogarnos. Ahora no queremos dar dinero por ella; queremos que nos la quiten de encima, reducir su tamaño, hacerla controlable. Queremos un antídoto contra la infoxicación.
Los buscadores, como Google, son uno de esos antídotos. Nos permiten localizar lo que buscamos de forma sencilla en una maraña de datos que ocuparía, de estar en papel, kilómetros de estanterías. Los medios de comunicación sirven también como filtros que ayudan a seleccionar y comprender la información, clasificándola y ordenándola. Blogs y páginas personales aportan los conocimientos temáticos que sólo los apasionados que aman ('amateurs') son capaces de almacenar y mantener al día.
Pero todo esto exige por nuestra parte educación y atención. Exige que los lectores dispongan de un desarrollado sentido crítico, y lo ejerzan; exige tiempo y educación. Éste es el único verdadero antídoto: el criterio. Y eso se puede criar. Antes de que la marea de datos nos ahogue a todos.
Medio billón y más; la montaña que crece
Hace un par de años el escritor y editor español Juan Antonio Millán estimó en medio billón de páginas web el tamaño total de la Internet accesible con un navegador; unos 7,5 terabytes de texto. Hoy Peter Lyman y Hal Varian, de la Escuela de Gestión y Sistemas de información de Berkeley, estiman como mínimo 167 en la 'web superficial' y 90.000 en la llamada 'web profunda'. Pero las cifras palidecen si incluimos los correos electrónicos enviados cada año (440.000 terabytes). Los 274 terabytes de la mensajería instantánea, o los apenas 80 gigabytes de los blogs activos, son una gota en este océano.
- El Libro de Medio Billón de Páginas
- Estudio Lyman/Varian (pdf)
Empieza a quedar claro por qué Microsoft quiere comprar Google. El buscador empieza a salirse del navegador (y a colonizar el sistema operativo) con su nuevo Google Deskbar; búsquedas desde el escritorio, sin abrir Explorer.
La última vez que alguien amenazó con atacar la misma existencia del sistema operativo (con la combinación navegador+Java), Redmond respondió arrasando Netscape y destrozando el estándar de Java. Los tribunales reconocieron (años después) que el comportamiento de Microsoft había sido impropio. Por decirlo con suavidad.
Yo que los Googleanos miraría dos veces antes de cruzar la calle...
Hoy en el New York Post (raro lugar) se anuncia que McDonald's negocia comprar mil millones de canciones de iTunes para regalarlas en promociones. Hace un mes, en anuncio equivalente que me perdí, Pepsi compró 100 millones de descargas para sus clientes, a empezar el 1 de febrero de 2004.
Buenas noticias para la música y la publicidad. Malas para los medios. La Nueva Publicidad está llegando. Y a los medios tradicionales los va a arrasar.
Hace unas semanas el mundillo publicitario estadounidense se preguntaba atónito: ¿dónde han ido los jóvenes varones? El segmento demográfico de varones entre 18 y 34 años, imprescindible para la rentabilidad de las cadenas (coches, zapatillas y ropa, bebidas refrescantes, cerveza, cine, etc, etc, etc) parece haber desaparecido simplemente de los radares. Al menos de las cadenas generalistas, el último refugio de la publicidad convencional; el equivalente publicitario de una escopeta con cartuchos del 12: hay tantos televidentes que a alguno pillarás.
Obviamente, empieza a estar muy claro que ya no es así. A quienes algunos quieren pillar, no están frente a la TV; ya ni Friends, ni CSI los detienen. Están en otros sitios. Fuera del alcance del trabuco televisivo.
Así que Pepsi y McDonalds apuntan en otra dirección: a la música. Su manera de comunicar con ese público va a ser regalarles descargas de canciones a su ordenador vía iTunes.
Lo cual es una magnífica noticia para los músicos, puesto que responde a la pregunta de qué va a ocurrir cuando la industria fonográfica se estrelle y desaparezca: la respuesta es no mucho. Vía iTunes o cosas similares las empresas patrocinarán músicos, que se ganarán (algunos muy bien) la vida dando conciertos en directo a sus fans, que no tendrán que pagar un duro por su música (pero sí por estar allí y llevar la camiseta).
Ahora bien: ¿de dónde salen los 100 millones de dólares de Pepsi, o los 1.000 millones de McDonalds? Con certeza del presupuesto de publicidad. Que en lugar de ir a revistas, periódicos, televisiones y radios va a ir a iTunes.
Ah. Caramba.
No entiendo cómo algunos colegas se lo toman con tal tranquilidad. Dos anunciantes de primera categoría están desviando partes sustanciales de sus presupuestos publicitarios hacia modelos nuevos de promoción. En los cuales los medios de comunicación no están implicados de ninguna manera.
En Mi Extremadamente Modesta Opinión (EMEMO), si estas promociones funcionan (cosa que tienen toda la pinta de ir a hacer), muchos otros anunciantes de relumbrón seguirán este camino. Poco después empezarán a patrocinar cantantes (¡Alka Seltzer patrocina a Alejandro Sanz!; Viagra te regala la música de Julio Iglesias). Empresas más pequeñas lo harán con grupos menos conocidos. Y el presupuesto entero dedicado a contactar con jóvenes, ése que mantiene (cerveza, tabaco, Planta Joven de El Corte Inglés) a diarios gratuitos, radios de fórmula y suplementos 'tontacionales' se evaporará.
La Nueva Publicidad. Mola mazo. Pero como no espabilemos...
Después de Vietnam el pueblo, el gobierno y el ejército estadounidense (especialmente este último) se juramentaron: Nunca Más. Nunca Más pelear sin objetivos claros, lejos de casa, con soldados de reemplazo, con listas de bajas interminables, en una guerra mal explicada cuyos desastres se achacaban a la prensa pesimista. Era el credo de una generación de militares y políticos en los EEUU.
Pero el 11S lo ha hecho saltar todo por los aires. Hoy Irak se está convirtiendo exactamente en eso: un interminable pantano en el que la victoria está mal definida, el goteo de bajas no cesa, los recursos son insuficientes, las razones son ideológicas y las catástrofes se achacan a los mensajeros mediáticos. Y ahora puede que vuelva la 'mili' (en Salon, con anuncio previo, o en el nodo oficial). Reclutamiento con todas sus consecuencias: soldados jóvenes y mal preparados, escaqueo generalizado entre los ricos y políticamente conectados, huidas del país para evitar el reclutamiento...
Al menos las bajas, entre enemigos y amigos, son menores. Por ahora.