Noviembre 16, 2004

Corresponsal en la Infosfera, Episodio XXII

Apatrullando la interné, by Algernon Pérez.

El guiso de Israel, o lo que pasa cuando resuelves el problema equivocado

Algernon contempla con estupor la poco disimulada alegría con la que israelíes y simpatizantes celebran el deceso de Yaser Arafat. No porque su personalidad inspire ninguna simpatía, sino porque su estátus simbólico lo convertía en una de las pocas esperanzas que podía tener Israel de resolver el conflicto con los palestinos de forma más o menos civilizada y razonable. Para ellos.

Israel ha tenido como objetivo estratégico desde hace años el impedir la consolidación de un Estado Nacional Palestino en los territorios vecinos, considerando que por naturaleza y diseño semejante estructura estatal sería un riesgo de seguridad permanente. Para ello ha minado a la OLP, ha favorecido a facciones alternativas como Hamas y Hizbollah que le robaran protagonismo, ha debilitado constantemente la posición de Arafat y, cuando cedió y permitió la constitución de la Autoridad Nacional Palestina, se ha encargado de reducirla a la insignificancia, el oprobio y el ridículo. Todo ello, hay que decirlo, con la entusiasta colaboración de Arafat, la OLP y la ANP, que en la más pura tradición del mundo árabe se comportaron como déspotas sanguinarios de partido único incluso antes de disponer de su propio país que explotar. Luego, Israel dejó a Arafat convertido en un espantapájaros grotesco e impotente, al que simultáneamente negaba cualquier posibilidad de controlar la situación mientras lo castigaba por su descontrol.

Bien, Israel puede estar contento: ha conseguido su objetivo. Temiendo un estado palestino, ha conseguido garantizar su inexistencia. Palestina no existirá jamás como un estado capaz de amenazar a Israel. Ahora deberán lidiar con lo que ocurra en los Territorios en ausencia de una autoridad de cualquier tipo. Al igual que Estados Unidos en Irak, un estado débil (e incluso corrupto y dictatorial) cínicamente al menos hubiese garantizado un mínimo de comfort a los vecinos. Israel va a tener que comerse el guiso que ellos mismos han cocinado. Y es un guiso amargo de cojones.

La sopa de caos no provoca más que problemas a quienes están cerca de la olla.

Analicemos.

El ejército israelí ha demostrado una y otra vez que es más que capaz de enfrentarse y vencer a sus vecinos, de uno en uno o todos a la vez. Tal vez su potencia militar convencional esté alcanzando los límites demográficos y económicos del país (hay indicaciones de ello), pero nadie duda de que Egipto, Jordania, Siria, no digamos Líbano, e incluso el Irak de Sadam no tenían nada que hacer contra el IDF. Ni siquiera poniéndose de acuerdo. La última vez que El Assad padre se puso chulo (1982; los israelíes le estaban reventando los emplazamientos antiaéreos en el Valle de la Bekaa, en Líbano) la Fuerza Aérea israelí le 'bajó' al menos 87 MiGs por la pérdida... de ninguno de sus F16, F15 y Phantom. 87 a cero. Éso es un tanteo. Ni por tierra ni por mar hay tampoco riesgo alguno. Los regimientos blindados israelíes son más que capaces de arrollar a cualquier combinación de viejos tanques soviéticos. La amenaza convencional no existe.

Por otra parte el altamente ilegal, clandestino y comprensible programa de armamento nuclear garantiza que cualquier estado lo bastante suicida como para plantearse 'echar a los judíos al mar' tenga de qué arrepentirse en forma de millones de ciudadanos muertos. La opción Sodoma y Gomorra del Yavhé del Antiguo Testamento está disponible para los descendientes de las Doce Tribus. La vieja tesis de la Guerra Fría, la doctrina MAD (loco, pero aquí siglas de Mutual Assured Destruction, destrucción mutua asegurada) cubre las espaldas a Israel. Que también puede evitar la posibilidad de que algún país musulmán acabase desarrollando la 'Bomba islámica'. Osirak se transformó en un cráter en el desierto cuando el programa nuclear iraquí puso (con toda la razón) demasiado nerviosos a los israelíes. Pakistán, que ya tiene la bomba (¿con permiso de quién?) cae demasiado lejos, y tiene problemas más serios. Irán puede haber comprado ya demasiadas papeletas en la rifa de un bombardeo sobre instalaciones de enriquecimiento de uranio, premio que puede recibir en cualquier momento (con la asistencia y bendición de EEUU... y de toooodos los países del Golfo) si no llega a un acuerdo con los bienintencionados europeos. El flanco nuclear está cubierto.

Así que, ¿qué le queda como opción a los enemigos de Israel?

El terrorismo.

Y para criar terrorismo, nada mejor que los territorios sin estado (o con estados pequeños, impotentes y corruptos al estilo Taliban). Como EEUU en Irak, Israel en Cisjordania y Gaza ha creado una perfecta incubadora megaterrorista. Y va a haber para todos, para el mercado local y para exportación internacional.

De hecho, ya ha empezado. La ANP era patética, tenía un pasado terrorista, era corrupta y violenta. Pero había reconocido el derecho a la existencia del estado de Israel. Ahora todas las papeletas son para que las facciones más radicales de la OLP, junto con Hamas y Hizbollah, aumenten su papel en el 'gobierno' palestino. Gentes cuyo objetivo es aniquilar Israel, no negociar con él. Gentes mucho más violentas, decididas a aniquilar hasta el último judío de Palestina para crear una teocracia. Gentes enfrentadas entre ellas, y alimentadas por una situación de explosión demográfica y colapso económico que garantiza que reciban reclutas lo bastante locos como para inmolarse. De momento dos días despues de enterrar a Arafat casi se cargan a uno de sus sucesores, que van a durar menos que un ministro iraquí o afgano. La guerra civil palestina es inminente, para satisfacción de más de un halcón estatalista de la derecha israelí bajo la tesis: mientras los palestinos se matan entre ellos, no nos matarán a nosotros.

Error.

Lo que están creando es un pequeño Afganistán. El perfecto caldo de cultivo para criar hordas de bombas humanas dispuestas a actuar en cualquier parte del mundo. Por ejemplo, Gaza: un millón y medio de palestinos apiñados en 360 kilómetros cuadrados; una densidad de población sólo superada por Hong Kong. Hasta ahora los palestinos, ocupados en su propia guerra, han tenido relativamente poca participación en las actividades de Al Qaeda (Palestina está conspicuamente ausente de la lista de guerras de entrenamiento en las que participan los chicos de Ben Laden). Eso puede cambiar. Cisjordania y, sobre todo, Gaza (con sus comunicaciones con Egipto y su acceso marítimo) pueden transformarse en una universidad del terrorismo, con gentes experimentadas en el profesorado. Los nuevos grupos megaterroristas no necesitan infraestructuras complejas o grandes números: con un puñado de fanáticos basta. Y en Gaza un puñado de fanáticos pronto pasará inadvertido por completo.

Quizá no actúen en Israel gracias a la valla de seguridad. Pero entonces actuarán en otros sitios. Occidente, el mundo entero, serán sus campos de caza: y sabido es que nada es más difícil de detener que un ataque suicida. Perseguirán a los israelíes, perseguirán a los estadounidenses, perseguirán a los occidentales... Una vez liberados de la necesidad de luchar por un ilusorio y castrado estado palestino, ¿por qué no liberar su 'creatividad' en el mundo entero?

Israel transformó a Arafat en el principal escollo hacia la creación de un estado palestino. Los medios y políticos pro-israelíes incluso le acusan de haber sido el único causante del colapso del proceso de Oslo, al no aceptar (por su mala cabeza) la última oferta de Yehud Barak. Como si la negativa fuese cosa suya personal.

Lo cierto es que con Arafat la paz hubiese sido concebible, sobre un modelo de dos estados. Tan pronto como el pueblo palestino en su conjunto aceptase una solución del Derecho de Retorno aceptable para Israel. Y tan pronto Israel aceptase una solución a los asentamientos aceptable para Palestina. Aquella vez no pudo ser, pero con Arafat cabía la posibilidad de que alguna vez fuese posible. Después de que ambas partes ahogaran en sangre sus irreconciliables disputas.

Ahora Palestina queda en manos de una OLP casi destruida, con sus facciones más radicales embravecidas; de una Hamas extremista islámica suní que ha sabido utilizar la inexistencia del estado para transformarse en la primera fuerza política en Gaza; de un Hizbollah chiita antes anecdótico y hoy, financiado quizá por Irán, transformado en una facción más partidaria de la teocracia. Queda sin gobierno ni perspectivas de su existencia, sin concesiones de Israel, con una valla creciente que estrangula cada vez más su economía, con un crecimiento poblacional explosivo, transformada en un riesgo geoestratégico regional (en Jordania deben estar que trinan). Sin futuro.

Lo que ocurra en la Palestina 'aestatal' de después de Arafat no es previsible. Sólo sabemos que no será bueno. Y que las consecuencias las pagaremos todos. Israel ha resuelto su problema: jamás tendrá que contender con un estado palestino. Pero era el problema equivocado, porque al estado palestino lo vamos a acabar echando de menos. El resto de nosotros, también. Mucho se teme Algernon.

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Desde cualquier sitio, Algernon Pérez. Aplicando lógica a lo ilógico desde 1964.

Este boletín irregular debe considerarse como estrictamente off the record; ninguna parte de su contenido será citada o atribuida a Algernon Pérez o a su pobre e involuntario huésped, si bien nadie puede evitar que su contenido en bytes se vierta en otros cerebros, que después los usen como les plazca. Dado que escribo lo que me da la gana generosamente salpicado de opiniones no demostrables y factoides no atribuibles, cada palo que aguante su vela. En otras palabras, úsese con precaución, y en la cabeza no, que soy modelo de sombreros.

Posted by Algernon at Noviembre 16, 2004 12:54 AM
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