Periodismo: el abultado parte de bajas 2009

16 Diciembre 2009 - Escrito por Perogrullo

Prensa Preventiva descodifica el informe de cierres y despidos que ha hecho la Federación de Asociaciones de Periodistas de España sobre la pérdida de medios de comunicación y de empleos en el sector en España durante 2009. No es Paper Cuts (14.905 empleos perdidos en EE UU en 2009, a mediados de diciembre), pero desmoraliza igual. En España durante el año han caído 29 medios de comunicación y más de 3.000 puestos de trabajo en un largo, depresivo listado de despidos (.doc), jubilaciones anticipadas y bajas incentivadas. Entre los caídos hay diarios gratuitos (Metro, ADN), numerosas revistas, televisiones (Bloomberg TV), agencias (Cover), medios de Internet (Soitu), diarios de pago (La Gaceta de Canarias, La Tribuna de Guadalajara, la Tribuna de Cuenca, La Opinión de Granada), diarios deportivos (Gol)… En suma, que de la plaga sólo se salvan las radios, probablemente porque la restricción de competencia que supone la limitación del espacio radioeléctrico las protege. Hay para todos. El negocio de la información se ha convertido en zona catastrófica. Y 2010 viene peor. Si al menos existiese una alternativa, un modelo complementario basado en la Red que pudiera suavizar el golpe, las empresas tendrían (quizá) una oportunidad. Al paso que vamos estas 29 no serán las últimas cabeceras que caigan.

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La pérdida de Soitu

27 Octubre 2009 - Escrito por Perogrullo

A los vivos les debemos respeto, dejó dicho Voltaire; a los muertos, sólo la verdad. Soitu ha sido un producto demasiado disperso, afectado quizá del síndrome del periódico: pretender contarle el mundo al mundo todos los días. Trataba demasiados temas de un modo no lo bastante imprescindible, dejándose llevar a veces por la pasión del informador de última hora, no sabiendo renunciar a la innecesaria prisa a cambio del necesario análisis y la debida profundidad. Debiendo haber sido un río de un centímetro de ancho y un kilómetro de profundidad se desbordó y abarcó demasiado. No supo alcanzar la sabiduría del silencio, evitando publicar sobre aquello de lo que nada diferente tenía que decir. A veces pecaba de demasiadas ganas de estar de y a la moda. El peso del (excelente, sin duda) departamento técnico resultó excesivo en sus decisiones estratégicas, y se dejó llevar por corrientes (como la de las redes sociales) populares pero no claramente integradas en el producto periodístico. Sufrió desde el principio el defecto y la fortaleza de contar con un único inversor principal, lo que les condenó cuando este inversor (el BBVA) decidió revertir su inicial apoyo. Y tuvieron la desgracia de estar en un país donde la industria de los medios de comunicación se está viniendo abajo, pero nadie tiene la visión de apostar por cubrir la futura demanda vacante que ese desplome va a dejar, donde los empresarios ganan demasiado dinero cerca de la política como para arriesgarse a crear empresas, productos, mercados nuevos. Donde no hay creadores de proyectos con ambición de futuro. No era un proyecto perfecto, y nació y trató de vivir en un país muy alejado de la perfección.

Pero lo intentaron. La gente de Gumersindo Lafuente creó un medio nuevo, diferente, con un planteamiento original y contenidos nunca vistos. Mantuvieron un diálogo permanente con su público. Innovaron, se arriesgaron, jugaron. Vieron reconocido su talento y sus aciertos por su profesión. Llegaron a ser un ejemplo, una esperanza de futuro, un hito. Se jugaron su esfuerzo, su creatividad y su futuro profesional.  Y han perdido. Todos perdemos con su pérdida. Los profesionales que llevan Soitu en su currículo no tendrán muchos problemas en encontrar trabajo. Los lectores que tenían Soitu en su rutina diaria encontrarán más difícil reemplazarlo. los inversores que no han querido salvarlo algún día se lamentarán de haber perdido la ocasión. La profesión pierde un ejemplo. La prensa en España pierde una oportunidad. Todos, en suma, perdemos. Sólo cabe desear a sus profesionales buena suerte, y darles las gracias. Por todo.

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Wolfram Alpha, Google y el futuro del periodismo

19 Mayo 2009 - Escrito por Perogrullo

Lo bueno que tiene el lanzamiento de Wolfram Alpha, el famoso nuevo producto del creador de Mathematica (y de una complicada teoría que afirma que el Universo es computacional) es que va a ser un gran avance para el periodismo. No sólo este buscador llamémosle ‘factual’ se va a convertir en una gran herramienta para plumillas y reporteros de a pie, sino que su existencia ayuda a despejar el camino para resolver una importante pregunta: ¿qué puede ofrecer el periodismo de toda la vida en un mundo que padece sobreabundancia de información?

Si lo miramos desde el punto de vista del usuario, de las necesidades del internauta de a pie, hay un continuo desde Alpha a la prensa pasando por Google. En realidad se trata de tres tipos de buscadores con funciones diferentes y complementarias, que se necesitan mutuamente. Y sí, acabo de llamar a los medios de comunicación ‘buscadores’; no es un error, y pienso explicarlo. Wolfram Alpha, y los buscadores semánticos que sin duda le seguirán (Google ya ha empezado con los suyos), son oráculos que responden a preguntas específicas y nos proporcionan con rapidez los datos que necesitamos. Responde con datos concretos a preguntas concretas. Google también responde a nuestras preguntas, pero de forma diferente: indicándonos sitios en la Red donde se habla sobre lo que queremos saber, ordenados por una medida de relevancia. Es decir, que responde a preguntas concretas proporcionando páginas de Internet que hablan sobre los términos de esas preguntas. Ambos comparten un importante detalle, y es que para obtener una respuesta debemos preguntar; es decir, que tenemos que saber lo que queremos encontrar. Los buscadores, sean factuales o de Internet, no admiten el mariposeo; si no hay pregunta, no hay respuesta. Entre Wolfram Alpha y sus derivados, y Google y los suyos el futuro de la localización de todo aquello que sabemos que nos interesa estará cubierto por completo.

No hay, ni habrá hueco para los medios en este tipo de búsquedas concretas, aunque sí hay algo que pueden ofrecer: lo que podríamos denominar Periodismo de Destino, cuyo objetivo será ser el destino final de las búsquedas de Google (y quizá fuente privilegiada de Wolfram Alpha). Si las informaciones elaboradas por los medios tienen suficiente calidad, profundidad, análisis y relevancia´, alcanzarán los más altos lugares den las respuestas de Google (que ahora ocupa la Wikipedia) y se convertirán en el destino principal de cualquier búsqueda.

Pero localizar lo que sabe que necesita no es todo lo que hace la gente en Internet, o con el conocimiento. Los humanos, monos curiosos que somos, también queremos que nos sorprendan; queremos descubrir cosas interesantes que no conocíamos, y que por tanto no podíamos buscar. Queremos encontrar información que antes de ver no sabíamos que nos interesaba. No sólo queremos encontrar lo que sabemos que queremos; también lo que no sabíamos que nos interesaba. Éste es el papel clave que los medios pueden jugar: encontrar las informaciones que su público no sabe que le van a interesar, y explicar por qué deberían interesarle. Ocupar el extremo del continuo que va de Wolfram Alpha (datos que sabemos que buscamos) a Google (páginas web sobre temas que sabemos que queremos) y finalmente a los medios (información que aún no sabemos que nos interesa). Completar el círculo de la búsqueda de información en la Red. Los medios de comunicación tienen que convertirse en Buscadores de este Tercer Tipo, complementando el Periodismo de Destino para cocinar productos capaces de atraer a los internautas. Porque seguir llorando por el futuro del periodismo en ausencia de periódicos no nos va a salvar.

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Cuando El País se creyó que podía silenciar a Internet

1 Mayo 2009 - Escrito por Perogrullo

El asunto de la censura a la columna de Enric González ha sido tratado por Nacho Escolar, y con su habitual capacidad de síntesis por Javier Pérez de Albéniz, que además comparte mi perplejidad con la reciente actividad de la Asociación de la Prensa de Madrid. Queda muy poco que añadir a lo ya dicho por ellos, excepto una cosa, que tiene relación con uno de los temas subyacentes y habituales de este blog: ese torpe intento de censura, ese darse por aludidos y ese exceso de fuerza en la respuesta no es malvado, sino algo mucho peor: es estúpido. Demuestra que todavía hoy, en mayo de 2009, la dirección del principal medio periodístico español desconoce las realidades de la Red, o como mínimo no sabe valorarlas en su justa medida. ¿Acaso pensaban que si ellos no publicaban la columna, ésta nunca sería leída? ¿Son incapaces de imaginar que se pueda extender una información, aunque ellos estén en contra? ¿No pensaron, cuando se planteaban esta medida, que tan sólo serviría para aumentar el impacto de la columna? Con su acción no sólo demuestran una preocupante incapacidad de encajar la crítica, una triste susceptibilidad, y una voluntad presta a la desmesura, incluso cuando va en contra de sus principios más básicos. Además dejan ver una pasmante ignorancia del mundo en el que se mueven; una estulticia cercana a lo criminal. Internet reacciona a la censura como si fuese un corte de líneas, y reenvía la información por otra vía. Los intentos de censura no funcionan jamás, ni en España ni en China ni en Irán, y tan sólo sirven para ampliar el alcance y el interés de la información que se pretende censurar. Yo que los accionistas de esa empresa me preocuparía muy seriamente. Como profesional formado en esa casa y como lector de periódicos que siempre ha considerado a esa cabecera como una de las más importantes del país, yo ya lo hago.

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Catálogo de soluciones absurdas a la crisis de la prensa

10 Marzo 2009 - Escrito por Perogrullo

Sólo hay algo más divertido que ver a un pollo correteando sin cabeza, y es presenciar a miles de directivos y profesores de periodismo aterrorizados porque su sector se va a pique por momentos. Las entretenidas carreras sin sentido del pollo se complementan bastante bien con las alocadas propuestas sin cabeza de muchos periodistas, directivos de prensa y gurús de saldo que después de hacer caso omiso a Internet durante casi 15 años ahora salpican propuestas para resolver el problema. La inmensa mayoría de las cuales pueden clasificarse como estúpidas y muy estúpidas. Este breve listado acompañado de sus más garrafales errores apenas hace justicia a algunas de las más alocadas y divertidas. Si no fuese porque es para echarse a llorar, daría mucha risa.

.- Periódicos a la carta. Que tienen dos inconvenientes: el proceso de personalización puede ser largo y tedioso o la personalización es mínima, y por otra parte la ultrapersonalización significa que la prensa renuncie al papel de enseñar al lector las noticias que no sabía que le importaban, y por qué. Además, no es nada que el enlace y el RSS no puedan hacer ya, y mejor.

.- Unirse todos los periódicos para simultáneamente cerrar sus contenidos en Internet obligando a los lectores a pagar, porque no se puede seguir regalando algo valioso de ninguna de las maneras. Lo cual sería ilegal, y absurdo: cobrar por los contenidos en la Red ya se ha probado, incluso recientemente, por lo que sabemos que no funciona más que en casos excepcionales, mientras que el modelo publicitario crece, aunque despacio. Además salvar así a los periódicos tiene un coste, y podría dañar al resto de la sociedad.

.- Mezclar el cobro por contenidos con la venta de aparatos al estilo de la pareja iTunes/iPod en la industia musical, usando lectores electrónicos como el Kindle de Amazon para vender paquetes de información. Lo cual no tiene en cuenta que la música es un producto completamente diferente (una canción es única, una noticia es de todos), y además la solución iTunes/iPod es un gran negocio, pero no para la industria de la música, sino para Apple. ¿Quieren los periódicos acabar haciendo rica a Amazon con la venta de Kindles mientras ellos apenas sobreviven?

.- Eliminar todas las secciones excepto el periodismo de investigación y de interés público. O sea, quitar lo que la gente más lee y dejar la parte cívica, seria, formal y aburrida. Que viene a ser como resolver el problema de la falta de atractivo de los menús de los comedores escolares dejando sólo los platos de verdura. Puaj.

.- Que los profesores universitarios escriban gratis en los periódicos, como antaño. No sabemos qué opinarán los profesores universitarios sobre trabajar de gratis, pero es seguro que los periodistas los considerarían con toda razón esquiroles; no es ningún consuelo que el trabajo te lo quite un académico en lugar de un bloguero. Se nota, por otra parte, que quien propone la idea no leído muchas revistas académicas: sólo las leen los académicos, y es por obligación; se supone que los lectores deben querer leer los periódicos, no considerar la tarea como un penoso deber.

.- Que resuelvan el problema los técnicos. Ya que Silicon Valley ha roto los platos, que los vuelva a pegar puede parecer un plan razonable, pero si ellos son la causa del problema ¿quién nos asegura que tendrán interés ninguno en resolverlo?

.- Eliminar las barreras entre editorial y publicidad. Porque sin duda hacer la información aún más dependiente de los anunciantes atraerá dinero de publicidad, aunque repela a los lectores. Claro que cuando los lectores se hayan ido, ¿entonces, qué?

.-Subvencionar desde el estado a la prensa, dado que se trata de un servicio público de valor incalculable, o financiarlo con organizaciones sin ánimo de lucro o fundaciones caritativas con el fin de salvar la democracia, porque los periódicos son imprescindibles. Que la financiación de la prensa esté en manos de los políticos a los que se supone debe controlar destruiría buena parte del supuesto papel de control cívico del llamado Cuarto Poder, y arrasaría la calidad de la información. El modelo de las fundaciones ya funciona en algunos casos, pero según los países también puede tener serios inconvenientes. Por otra parte no puede demostrarse que la democracia corra peligro alguno por la ausencia de los periódicos, mas allá de las obviamente interesadas proclamas de sus propietarios.

.- Externalizar la redacción de noticias a países donde los periodistas son más baratos, como se ha hecho en otras industrias. Claro que la sensación de localidad es clave para el buen periodismo; la identificación de intereses y valores que se produce por la cercanía entre las formas de vida del periodista y el lector. La India tiene grandes periodistas, como los tiene Perú; pero es imposible escribir un periódico estadounidense desde Bangalore o uno español desde Lima. Al menos es imposible escribir uno interesante; porque una ristra impersonal de noticias sin sensibilidad local ninguna no es un periódico, sino una agencia de noticias. Y ya las hay, muy buenas, gracias.

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El espejismo del papel electrónico

17 Febrero 2009 - Escrito por Perogrullo

Cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras plegarias, dice un viejo proverbio. Quizá los ejecutivos de medios de comunicación han ofendido a las divinidades del panteón todo, porque les han enviado exactamente eso: un castigo, encarnado en sus más anhelados deseos. Los lectores digitales, como el nuevo Kindle 2.0 de Amazon, y los cada vez más sofisticados sistemas de papel electrónico, como el Sony Reader, son para algunos directivos de prensa el reflejo del agua a lo lejos en la travesía del desierto que ahora encaran: el modo de cambiar sin cambiar nada, la solución para adaptarse al futuro haciendo exactamente lo mismo que en el pasado. El papel electrónico, piensan, les permitirá digitalizar los periódicos de hoy sin cambiar una coma, trasladando al mañana los productos, los modos de trabajo e incluso los modelos de negocio del ayer. La actual situación no es más que un pasajero desmayo provocado por la lentitud de la tecnología: pronto el papel electrónico vendrá a poner las cosas en su sitio, y tendremos diarios, semanarios, quincenales y mensuales como los de hoy que se cobrarán como se cobran hoy, pero que no hará falta ir al kiosco para comprar. Y la prensa podrá seguir haciendo lo mismo sin parpadear, sin encarar el presente, sin pensar siquiera en el futuro. Inmóviles y estáticos, los periódicos cambiarán de soporte sin cambiar de formato; modificarán la sustancia de la que están hechos pero no su producto. Y todo estará bien. Creen.

Decían los antiguos griegos que a quienes los dioses desean perder primero los ciegan, pues ocurre que muchas catástrofes de pueblos y dirigentes del pasado fueron precedidas por una obstinada negativa a confrontar la realidad, una ceguera que en retrospectiva (y muchas veces incluso en su propio tiempo) es obviamente suicida. Lo mismo les ocurre que esos periodistas y líderes de empresa informativa que depositan su esperanza en el espejismo del papel electrónico: están ciegos, porque se niegan a ver la realidad. La principal innovación que nos ofrece Internet no es un nuevo canal de distribución, por democrático y abierto que sea. La verdadera novedad es el enlace: la posibilidad de relacionar textos, vídeos, fotos, objetos y conocimientos. Este cambio fundamental en la estructura del flujo de información es independiente del soporte, de tal modo que para ofrecer un producto acorde al futuro lo importante es dominar el nuevo lenguaje del hipertexto, y lo secundario es en qué soporte físico se encarne. El papel electrónico es un modo útil y económico de recuperar las obras del pasado y darles nueva vida en el futuro, pero no es interactivo, y por tanto no sirve para crear nuevos productos informativos. Reemplazará, sin duda, a las bibliotecas de libros de papel, y a las hemerotecas futuras, pero competirá en esta tarea con su antecesor el papel convencional en precio, jamás con el hipertexto en capacidad de manejo de información. El papel electrónico permite salvar el pasado, pero no adaptarse al futuro; ni el mismísimo Ted Nelson sería capaz de proporcionar interactividad a un periódico, esté instanciado en el material que esté (árboles muertos o polímeros electrónicos), porque lo importante no es la facilidad de lectura o la posibilidad de recarga de noticias, sino la interactividad. El papel electrónico es un espejismo, una desviación en el camino, una falsa esperanza. Quien se deje llevar por ella acelerará la desaparición y muerte de sus empresas y cabeceras, pero no aprenderá a sobrevivir en el futuro digital e interactivo.

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No si va a ocurrir, sino cuando ocurra

20 Enero 2009 - Escrito por Perogrullo

Seth Godin se pregunta qué vamos a echar de menos cuando los periódicos desaparezcan. No si es que desaparecen, sino cuando desaparezcan. Que visto lo visto, no va a tardar tanto en suceder. Este año, por ejemplo, la Asociación Mundial de Periódicos (WAN en sus siglas en inglés) ha cancelado su congreso anual por falta de interés. El diario por antonomasia, The New York Times, ha aceptado una cuantiosa inversíon del milmillonario mexicano Carlos Slim, a quien hace un año llamaban ladrón. Juan Luis Cebrián (ojo, no el actual director, sino el primer director del diario) anuncia en El País la integración de las ediciones digital y de papel, una medida que ha sido un desastre en todos los medios donde se ha intentado, ya que los únicos efectos tangibles han sido la destrucción de la edición digital y la huida a otros proyectos de quienes sabían hacerla. Porque imagínese la situación: trabaje usted en Internet durante años, sin recursos, con la mitad de paga y el doble de horas; consiga a base del esfuerzo y entusiasmo de un equipo joven un producto de mediana calidad. Y como premio contemple cómo quienes le despreciaron, se burlaron de su trabajo y se negaron a interesarse por su producto son ascendidos, quedando con responsabilidad sobre ambos productos pero con superioridad jerárquica sobre usted. Los nuevos jefes, que desconocen Internet, cometen errores que empeoran el producto digital y están más interesados en el papel, con lo que deterioran las condiciones de trabajo de los currantes de la Red. Además bloquean la escalera de ascenso jerárquico, negando cualquier posibilidad de promoción a los digitales puros. El resultado es el desánimo, y la huida, de quienes tienen más experiencia en la Red, empobreciendo el conjunto.

El problema de unificar una redacción rápida (constante edición, funcionamiento 24/7) y multimedia (texto, gráficos, fotos, vídeo, audio, enlaces) con otra lenta (una edición diaria) y monomedia (papel), sólo tiene una solución: que la redacción digital absorba a la analógica. Porque quien está acostumbrado a pensar una portada cada 24 horas contando con un nutrido equipo de las mejores cabezas pensantes no va a adaptarse con facilidad a cambiar decenas de veces al día la portada de Internet, que suele quedar en manos de un joven periodista espabilado que acaba ‘quemado’. Porque nunca se ha visto que en una integración a un redactor digital se le ascienda por encima de su correspondiente analógico, y el efecto neto es que los veteranos de Internet son degradados a redactor ‘junior’, sin responsabilidad ni autonomía. Porque el medio de papel nunca se ha adaptado a las necesidades del medio digital. Porque hay que hacer más grande el papel, no más pequeño Internet. Y es que incluso ahora, cuando por fin los directivos de prensa ven las orejas al lobo digital, las medidas que toman son insuficientes. La integración al estilo tradicional sólo deteriorará el producto de Internet, sin mejorar el de papel, y provocará el desánimo y la apatía entre la gente que conoce la Red. Reducirán costes, pero no resolverán su creciente problema de irrelevancia. Así que Seth Godin tiene razón; es una cuestión de cuándo. La mayoría de los medios actuales van a desaparecer, pero no porque el papel no tenga recorrido, sino por la pertinaz negación de la realidad de sus directivos. Después habrá que reinventar el periódico de papel con nuevas ideas, nuevas cabeceras y (sobre todo), nuevas personas. Pronto.

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¿Un Robin Hood estafador?

14 Diciembre 2008 - Escrito por Perogrullo

La clase financiera internacional ha culminado su catastrófica exploración de los (inexistentes) límites del capitalismo con la piramidal estafa del superbroker Bernie Madoff. Esto es lo que pasa cuando los mercados son liberados de cualquier control: que unos pocos se aprovechan a costa de todos. Pero en el caso de la Pirámide Madoff (que ésa, y no otra, es la traducción al español de Ponzi Scheme) aparece otro factor: ¿estamos ante un Robin Hood financiero? Viendo el listado creciente de sus víctimas, está claro que Bernie Madoff robaba a los ricos, lógicamente: ellos tienen el dinero. Han resultado afectados propietarios de equipos de béisbol como los New York Mets y de fútbol americano como los Eagles de Filadelfia, que como todos los amos del deporte no eran precisamente pobres de pedir; bancos como el francés BNP Paribas, el japonés Nomura o el español Banco de Santander a través de su fondo Optimal Strategic, además de otros británicos y hasta bancos privados suizos; magnates inmobiliarios del Reino Unido; muchos Hedge funds, esos sofisticados medios de inversión sólo para ricos; en suma, algunos de los inversores más sofisticados y experimentados del mundo han picado y han salido escaldados. La Pirámide Madoff robó a los ricos, así que la mitad de la definición de un bandido ‘Robin Hood’ está satisfecha. Lamentablemente, no así la otra mitad: el dinero no ha ido a parar a los pobres. A no ser que contemos al propio Madoff, propietario de varias mansiones y un yate. No, el dinero no ha sido distribuido a buenas causas ni aliviado la situación desesperada de parados o minorías étnicas. Lo cierto es que al menos dos fundaciones benéficas han cerrado, víctimas de la estafa, y que el dinero se ha evaporado. Bernie Madoff robaba, sí, a los ricos, pero no era un Robin Hood moderno. Sólo ha sido una demostración práctica de lo que pasa cuando en un mercado o campo de juego no hay árbitro.

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La situación es alarmante, pero no preocupante

5 Septiembre 2008 - Escrito por Perogrullo

Porque preocupándonos no vamos a resolver nada. Los periódicos estadounidenses han vendido 3.000 millones de dólares menos (2.108 millones de euros, a cambio de hoy) en los 6 primeros meses de 2008. Un 14% menos, lo que deja los ingresos en las cifras más bajas desde hace 12 años. Y lo que es aún peor: la caída, que continúa desde hace más de 9 trimestres (desde mediados de 2006) se acelera cada vez más, y los ingresos online no sólo no compensan el desplome, sino que también se reducen. Hasta los gratuitos, que hasta ahoa eran lagran esperanza, están resultando afectados. Algo estamos haciendo mal las empresas y los profesionales de los medios de comunicación; rematadamente mal. Lo demuestran además los datos sobre las costumbres de los cibernautas, que afirman valorar sobre todo la inmediatez de la información, probablemente porque (al menos en España) no les damos otra cosa. Y sin embargo Internet no deja de crecer, la oferta se diversifica y cada vez hay más negocios funcionando en la Red. Es hora de replantearse los cimientos de la profesión. O de abandonarla a su suerte. Empieza a verse algún atisbo de autocrítica, pero ¿será suficiente? ¿O será demasiado tarde para curar la verdadera enfermedad que está matando a las empresas de medios: el desplome de su relevancia social como creadores de un punto de vista colectivo?

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