Acabar con la Gran Oreja
El Gran Hermano es un monstruo con un millón de orejas, pero ningún cerebro. Lo cual, paradójicamente, no lo hace menos peligroso. Así como la tecnología de la captación y almacenamiento de información mejora constantemente, y aparecen tipos de vigilancia inimaginables hasta ahora, los métodos para analizar esa información y comprender su significado son los de siempre, y cada vez más insuficientes en calidad y volumen. Si bien el espionaje se ve facilitado por nuestras propias costumbres, ya que llevamos encima un dispositivo (el teléfono móvil) que puede grabar conversaciones privadas y además literalmente retransmite constantemente dónde estamos, lo que no hay es cómo comprender esa información a gran escala. El Gran Hermano es sordo, porque oye, pero no escucha. En ese sentido la desconfianza de principio frente a sistemas como SITEL, que permiten la grabación sencilla de datos particulares, es adecuada; con independencia de que la actual campaña de denuncias tenga una finalidad claramente política (en el peor de los sentidos), hay que acabar con la Gran Oreja. Precisamente por su completa incapacidad para escuchar.
Un buen ejemplo está en la instalación que prepara la National Security Agency estadounidense, que está diseñada para disponer de una capacidad máxima de almacenamiento de un Yottabyte de información. Es decir, mil billones (1.000.000.000.000.000) de Gigabytes. Aún no existe la capacidad técnica, pero pronto los espías electrónicos estadounidenses podrán almacenar cósmicas cantidades de datos. Lo que no tiene la NSA son sistemas para analizar toda esa información. La NSA va a recoger conversaciones, localizaciones, imágenes, correos electrónicos y navegación por Internet al por mayor. Pero eso de poco va a servir, si no puede analizar esa información y extraer conclusiones sobre las que se pueda actuar. Un sistema como el SITEL español puede que tenga la capacidad de grabar las conversaciones y las posiciones de millones de personas, pero eso es inútil si esa información no es escuchada, comprendida, contextualizada y convertida en datos útiles. De nada sirve oírlo todo, si no hay quien lo comprenda.
El problema es que la oreja va muy por delante del cerebro, y escuchar es un acto que necesita de ambos elementos. De bien poco sirven los satélites y los vuelos de gran altitud sobre regiones conflictivas si resulta que nadie ha mirado jamás esas fotos, como ha ocurrido con 30 años de fotografías tomadas (pero no usadas) durante la Guerra Fría. De nada sirve localizar sospechosos y grabar sus conversaciones si no hay suficientes traductores que puedan comprenderlas, como ocurrió con escuchas telefónicas que podrían haber evitado los ataques del 11 de Septiembre. Poner cámaras por doquier, almacenar los datos de las telefónicas al por mayor, tener guardadas las rutas seguidas por un teléfono móvil a lo largo del tiempo es la fantasía de cualquier agente delas fuerzas del orden encargado de proteger a la ciudadanía. Pero de nada sirve si toda esa información no es analizada y comprendida; si sólo sirve para llenar ingentes depósitos, pero no para impedir actos terroristas, detener delincuentes y proteger a la gente.
El temor al Gran Hermano es saludable, pero exagerado, porque aunque quizá pueda oírlo todo, no puede escuchar casi nada. La Gran Oreja, paradójicamente, es sorda, porque detrás no hay un Gran Cerebro. Precisamente por eso, porque es inútil, hay que desmantelarla; porque su potencial de uso positivo es muy reducido, pero el de abuso es muy elevado. El aparato de escucha no es capaz de resolver los problemas que justifican su creación porque su falta de cerebro le incapacidad para encontrar a los malos entre grandes poblaciones, pero en cambio puede convertirse en tiránico si se enfoca en una única persona. Si no arregla nuestros problemas, pero puede convertirse en un problema en sí mismo, lo mejor es amputar.
Archivado en Abominación, Infowar, La Roca, Navajeo, Red
7 Noviembre 2009 a las 10:39
El problema es tan complejo y tan actual que es difícil opinar. Como persona nacida décadas antes del advenimiento de las llamadas tecnologías de la información, considero que la privacidad es un bien que perdimos hace ya mucho tiempo atrás. Pero en fin, que se le va a hacer … La mayoría parece feliz con las nuevas tecnologías … so let them be.
Estaba cantado que las cosas iban a ser así, y los que duden de lo que digo, que vean la fecha de publicación de 1984 (G. Orwell) o Un Mundo Feliz (A. Huxley). Esto sin comentar como nos encaminamos a una sociedad de tipo “Borg” (Star Trek), todos feliz y estupidamente interconectados (y totalmente asimilados).
Rob
Rob