La ‘gripe intelectual’ se extiende, esta vez a Público

18 Octubre 2009 - Escrito por Perogrullo

La grave enfermedad intelectual de confundir churras con merinas, culos con témporas y derechos de autor con propiedad inmobiliaria se extiende entre los pensadores españoles con una velocidad y ferocidad que deja en mantillas a la Gripe A. El último afectado, por el momento, es Antonio Orejudo, que en su columna del sábado en el diario Público afirma sin ruborizarse que el paso al dominio público de algunos de los derechos de autor pasados 80 años de la muerte de éste es ‘una expropiación‘. En cambio le parece estupendamente que un autor, él mismo por ejemplo, utilice en su obra el lenguaje y la cultura de todos y se apropie de estos elementos para siempre jamás sin devolver nada a la sociedad a cambio de lo que tomó. Orejudo tiene razón; es un escándalo que alguien legitime el robo, como por ejemplo apropiarse en beneficio propio de una cultura de la que se ha bebido, sin pagar nada a cambio ni reconocer siquiera la existencia de una deuda. Y no deja de ser un escándalo porque los perjudicados seamos todos.

En el fondo lo que el señor Orejudo propone es que algunas personas con carné de autor puedan hacer suyo algo que nos pertenece a todos, estrangulando el natural flujo que ha sido la cultura desde el principio de los tiempos. Una expropiación en toda regla, que además mataría aquello que estos autores extremistas dicen querer preservar: la cultura misma. Teniendo en cuenta que este tipo de ‘argumentaciones’ inundan estos días nuestros diarios (La Vanguardia, El País, Público) y que comparten no sólo una espúrea conexión con el tema del P2P (¿qué tendrá que ver el intercambio de ficheros con la extensión al infinito del derecho de autor?) sino incluso ejemplos concretos que apestan a populismo (las amplias posesiones inmobiliarias de la Duquesa de Alba aparecen siempre) una mente más paranoica concluiría que hay una campaña concertada en marcha. Aunque quizá tan sólo se trate de simple pereza intelectual en la defensa de un grupo de interés que trata de camuflar con Grandes Principios Morales la privatización de la cultura en beneficio propio; otro ‘lobby’ más que piensa en su bolsillo más que en el interés general. Qué país, y qué ‘intelectuales’.

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13 comentarios

  1. Antonio Orejudo

    Jajajaja. No exageres, Cervera, ni te enfades tanto. Se trata sólo de cobrar el trabajo. Como haces tú, supongo, cuando facturas a El Mundo, ABC o a 20 minutos. Un abrazo.

  2. Perogrullo

    Estimado Antonio:

    Desde luego que se trata de cobrar por el trabajo de uno. Pero sin perjudicar a los demás. Esa idea de la ‘propiedad’ intelectual eterna es perniciosa para la sociedad, y constituiría una privatización encubierta de la cultura pública. Hay, tiene que haber, otros modos de recompensar el trabajo del autor que no impliquen dañar al conjunto de la población. Ni la apropiación de lo que es de todos.

    Muchas gracias por tu atención e interés, y un saludo.

    PP Cervera

  3. La ‘gripe intelectual’ se extiende, esta vez a Público

    [...] La ‘gripe intelectual’ se extiende, esta vez a Públicowww.perogrullo.com/?p=895 por flexoazul hace pocos segundos [...]

  4. Mónica

    Totalmente contigo PP

  5. Antonio Orejudo

    Estimado PP Cervera:

    1. “Desde luego que se trata de cobrar por el trabajo de uno. Pero sin perjudicar a los demás”.

    No es mi intención perjudicar a nadie, sino cobrar por mi trabajo. Me alegra que eso te parezca bien. Ya estamos más cerca que antes.

    2. “La propiedad intelectual eterna es perniciosa para la sociedad, y constituiría una privatización encubierta de la cultura pública”.

    La propiedad intelectual no es eterna, como sabes. Sí son eternas en cambio el resto de propiedades. Que la propiedad del capital o de los bienes inmuebles sea eterna me parece mucho más pernicioso para la sociedad que el hecho de tener que pagar por una novela. Pero, claro, los autores son objetivos mucho más vulnerables que los banqueros. ¡A por ellos! Atacas a los propietarios más indefensos y callas ante los poderosos.

    Hablas de cultura, pero esa palabra ha sido tan manoseada que ya no significa nada. ¿Qué es la cultura? ¿Los bailes regionales? ¿Platón? ¿La paella? ¿Todo? Yo no hablo de cultura, ni siquiera de música ni de cine. Hablo de libros. ¿Los libros son cultura? ¿Y el vino de Rioja? Si estás defendiendo TAMBIÉN el acceso libre y gratuito al vino tinto, quizás me deje convencer por ti.

    3. “Hay, tiene que haber, otros modos de recompensar el trabajo del autor que no impliquen dañar al conjunto de la población. Ni la apropiación de lo que es de todos”.

    Estoy esperando, eso pedía en artículo que criticas, que alguien me diga cómo se hace compatible el derecho a cobrar por las novelas que escribo con el acceso libre y gratuito a las mismas.

    Estoy terminando una novela. Tengo el manuscrito aquí, a mi lado. Aunque me gusta dormir, desde hace varios años me levanto temprano para terminarlo. Y cuando me siento en la mesa, a las cinco de la mañana, miro alrededor y no veo a nadie. Yo soy el único que ha madrugado. Cervera, este manuscrito no es de todos. Este manuscrito es mío.

    Yo también te agradezco que me prestes atención.

    Un abrazo.

  6. Manuel

    Completamente de acuerdo contigo Perogrullo.

    Desgraciadamente, muchos autores en su desmedido afán por ganar dinero, han perdido completamente la perspectiva… Para defender esa idea pretenden confundirnos haciendo demagogia, comparando las propiedades físicas con las etéreas.

    Creen que su función en esta sociedad es tan especial y tan importante, como para tenerles que estar pagando eternamente por su aportación a la sociedad.

    Si aplicásemos esas pretensiones al resto de ámbitos humanos, ¿dónde hubiesemos llegado?¿cómo hubiese sido la evolución de la humanidad?
    ¿Tendríamos que estar pagando un canón eterno a las familias de descubridores/inventores de todo lo que se hubiese ideado: fuego, rueda, imprenta, medicinas, ley de la relatividad, automoción,…?

    Desde luego que el ego y la avaricia de estos señores me indigna. Parece que spiensen que la sociedad existe para hacerles ganar dinero por sus “grandiosas ideas”.

    Saludos

  7. Krigan

    Yo también quiero cobrar por mi trabajo eternamente, trabajar sólo un año (o lo que se tarde en escribir un libro) y cobrar para siempre, y que mis herederos sigan cobrando durante otros 70 años después de mi muerte.

    Lamentablemente, para aquellos trabajadores que no son autores (la inmensa mayoría), no es así. Si un mes no trabajas, ese mes no cobras.

    Está claro que, con esto de los derechos de autor, hemos creado un monstruo, gente que se cree con el sacrosanto derecho a seguir cobrando para siempre por haber trabajado una vez en un pasado lejano. O mejor todavía, gente que se cree con el sacrosanto derecho a cobrar por ser bisnietos de alguien que trabajó una vez.

  8. Perogrullo

    Estimado Antonio:

    No me habrás leído, ni en este texto ni en ningún otro, que los autores no deban recibir una retribución por su trabajo. Porque no lo dice. Dice que la ‘propiedad’ intelectual eterna es perniciosa para la cultura, y por tanto para autores y lectores (oyentes, cinevidentes, etc) por igual. Dice que ese particular mecanismo, hasta ahora inexistente, de considerar el derecho de autor como equivalente a la propiedad inmobiliaria es malo. No que haya que quitar a los autores el derecho de ser compensados. Al parecer no te sirve el mecanismo actual, y lo quieres extender en el tiempo. Yo creo que extenderlo en el tiempo es un abuso, pero no defiendo su desaparición. Me estás discutiendo afirmaciones que yo no he realizado. Eso se llama argumento del espantapájaros.

    Si te fijas, verás que cuando hablo de ‘propiedad’ intelectual siempre entrecomillo la palabra ‘propiedad’. Es por algo: creo que esa palabra es un término sesgado, que enturbia las mentes a la hora de pensar sobre derechos de autor y similares. Confunde, en lugar de aclarar. Lo demuestra el hecho de que sigues mezclando en tus argumentos una novela con un terreno en Extremadura, como si fueran lo mismo.

    Mi argumento es precisamente que no son iguales: que las cosas hechas de bites son diferentes de las cosas hechas de átomos, y por tanto deben tratarse de modo distinto. Hay quien defiende que toda propiedad es un robo; yo simplemente defiendo que las creaciones intelectuales son diferentes de los productos materiales.

    Al parecer los argumentos no sirven, porque cuestionar la extensión al infinito de los derechos de autor me convierte en un abusón, ya que no ataco a los banqueros. Es un bonito gambito dialéctico, pero sigo sin ver ningún argumento.

    Me preguntas qué significa cultura, y me llama la atención que deba definírtela. Cultura es el lenguaje en el que escribes tus libros, que tú no has inventado, sino que has recibido. Cultura es el concepto mismo de libro, de autor y de novela. Es Cervantes, y es Homero, y es Shakespeare, que no reciben un euro de ti aunque utilizas sus argumentos, y los conceptos que crearon, para asentar tu obra (todos lo hacemos). Cultura es lo que hace que tu obra exista, porque sin cultura tú no podrías escribir, ni yo te podría leer. Cultura es algo en lo que estás inmerso, pero que no es tuyo, ni de nadie; porque es de todos. De todos. No de unos pocos.

    Al pedir una ‘propiedad’ intelectual eterna lo que estás defendiendo es usar la cultura de todos para crear tu novela, para después no permitir que esa novela forme parte de la cultura. Es una privatización de algo que es común; la apropiación de elementos que tú has podido utilizar gratis pero que después nadie podrá volver a usar sin pagarte.

    Tú dices que sin esta operación la cultura morirá, por falta de ingresos. Yo defiendo que si se hace esto la cultura no morirá, sino que será asesinada; precisamente, caramba, por quienes dicen defenderla. De qué me sonará a mí esto.

    En efecto; ese manuscrito es tuyo. Si no quieres perder el control sobre él, no lo publiques; así seguirá siendo tuyo, y de nadie más, por siempre jamás. En el momento en el que publicamos (hacemos pública) una creación deja de ser por completo nuestra; pasa a pertenecer también a quien la lee. Eso es parte de la cultura: la porción de la creación que está en el lado de los lectores. Porque escribir para el cajón es masturbación, y la obra sólo tiene sentido en diálogo. Extender al infinito el derechod e autor es hacer que ese diálogo sea unidireccional, y que sólo le beneficie al autor, para siempre.

    Yo no estoy de acuerdo. Creo que hay que llegar a un acuerdo entre los autores, los lectores y el estado por el cual todos obtengan algo. Los autores deben recibir ingresos; los lectores, cierto reconocimiento de sus derechos como participantes en el proceso cultural; y el estado un fomento de la cultura general que compense los gastos en los que incurre al defender el derecho de autor y contribuya al bienestar general. Este equilibrio no es sencillo, pero es lo que debe buscarse. El estado no debe tener el control, ni los lectores el derecho de hacer lo que les plazca. Pero la obra cultural tampoco debe quedar bajo control absoluto y eterno de los autores.

    Estaría bien que este tipo de equilibrio se pudiera alcanzar también con los automóviles, las fincas extremeñas y los pollos asados. Lamentablemente, con átomos no se puede, y por eso tenemos mecanismos legales tan inadecuados e injustos como la propiedad inmobiliaria y los bancos. Mi opinión es que con bites podemos, de hecho debemos hacerlo mejor, aprovechando sus ventajas, para evitar que la cosa termine tan mal como en el caso de las fincas de la Casa de Alba.

    ¿De qué sirve un nmanuscrito si nadie lo lee? Y si alguien lo ha leído, ¿cómo puedes pensar que es única, exclusiva y eternamemte tuyo?

    Muchas gracias por su atención e interés, y un saludo.

    PP Cervera

  9. Antonio Orejudo

    Estimado PP Cervera:

    Yo no defiendo la propiedad intelectual eterna. Si defiendo algo es exactamente lo contrario: que la propiedad no intelectual esté sujeta a las mismas limitaciones que la intelectual. Por favor, que esto quede claro de aquí en adelante.
    Los escritores sabemos mejor que nadie que los libros vienen siempre de otros libros, que la literatura es un plagio creativo, que los libros están hechos de apropiaciones de unos escritores por otros. Esta es la dimensión cultural del libro, que funciona exactamente como tú la has descrito. Nadie quiere impedir —ni podría— ese reciclaje continuo, ese flujo de materiales que llamamos literatura. A nadie se le ha pasado por la cabeza poner precio a eso. Ningún autor de libros pretende cobrar por una influencia literaria, ni impedirla con una ley. Ningún escritor cobra, ni quiere cobrar, por el uso que otro haga de sus hallazgos literarios: eso es la literatura.
    Pero el libro es también una mercancía. Y en esa dimensión mercantil, da igual que el objeto esté compuesto de bytes o de átomos: es una mercancía mixta, hecha de bytes y átomos, que se vende en las tiendas por un PVP. El 10% de ese precio son los honorarios del escritor. Cuantos más libros venda, más dinero ganará, como sucede en cualquier otro negocio. Si no vende libros, es decir si no gana dinero, tendrá que buscarse otra ocupación y dejará de escribir.
    Que ese escritor cobre cada vez que vende un libro, como cobra el maestro artesano por cada botijo que coloca al turista de turno, no afecta en absoluto a la dinámica cultural del libro, que tú has descrito tan acertadamente y yo he glosado dos párrafos más arriba. Cervantes fue el primer escritor profesional, el primero que tuvo conciencia de esta dimensión mercantil del libro. Desde entonces los libros se compran y se venden. Y no ha pasado nada. Aquí estamos, siglos después, usando, como tú muy bien dices, los hallazgos narrativos de todos los que nos han precedido en el oficio, sin que el mundo cultural se haya hundido. Es cierto que los herederos de Cervantes no cobran un euro, pero —atiende— aunque la tataranieta de Cervantes siguiera cobrando el 10% de cada Quijote que se vendiera hoy, eso no afectaría en nada a la apropiación cultural que todos los escritores seguimos haciendo de los elementos narrativos de Cervantes.
    Son planos diferentes el cultural y el mercantil. Y tú los mezclas no sé si por malicia o por ignorancia. Y de esa confusión nacen todos tus argumentos.
    Si lo que piensas es que nosotros, los escritores, ávidos de dinero, estamos esperando ver en otro libro o en otra obra una referencia, una influencia, un guiño, un hallazgo, un personaje que consideramos nuestro para enviar inmediatamente al Cobrador del Frac, deberías informarte un poco más sobre nuestro pensamiento y nuestro trabajo y no despacharnos de la manera que sueles: perezosos mentales sólo pendientes de su bolsillo.
    Mi temor, el temor de muchos escritores, es el mismo que tienes tú a ser despedido y a quedarte sin trabajo, así que sería de agradecer, y mucho más elegante por tu parte, un poco más de respeto en la exposición de tu punto de vista. Nadie ha contraído aquí ninguna gripe intelectual. Expresamos nuestro temor de que el libro electrónico y las actitudes que tú expresas en tus tribunas estimulen en otros la creencia de que se puede consumir literatura sin pagar al autor del trabajo. Quizás tú no lo pienses, pero con tu confusión entre lo cultural y lo mercantil haces que tus lectores lo piensen por ti.
    Aquí lo dejo.
    Un saludo.

  10. Rob

    Señor Orejudo, los que leemos a Jose Cervera y además compramos libros no tenemos ninguna confusión entre lo cultural y lo mercantil. Mi VISA es testigo de esto. Por el contrario, son los que “viven” de los derechos de autor los que tienen más probablidades de confundir ambos conceptos.

    Rob

  11. Perogrullo

    Estimado Antonio:

    Por más que pueda estar de acuerdo contigo en cuanto a que toda propiedad es un robo, y que debería tener límites, sigue habiendo un fallo en tu argumento: los bites y los átomos no son iguales, y no tienen por qué ser tratados de igual manera. Ésta es la razón de que algunos de los derechos de autor (que no todos, ojo; sólo los económicos) tengan fecha de caducidad: que por su diferente composición y origen los bienes intelectuales son distintos. Estaría bien que la propiedad inmobiliaria tuviese fecha de final, pero no sería porque las dos cosas se parecen.

    Describes a la perfección el modelo económico de la publicación, que es similar al de cualquier obra creativa. También hablas del eterno y continuado plagio que es la cultura. Pero no hay conexión entre ambos pensamientos. ¿No te parece razonable, ya que toda creación está inmersa en una cultura que es común, que se reconozca el hecho devolviendo a la cultura lo que de ella tomaste? Ésa es la razón de la caducidad de los derechos económicos de autor, y no otra: devolver a la cultura la inversión que la cultura hizo en ti como autor. Dar, puesto que recibiste. Los años de explotación de la obra compensan el esfuerzo personal del autor; la entrada (siglos después) de esa obra en el Dominio Público reconoce la aportación que la cultura hizo en su creación. Es un compromiso, sobre cuyos términos podemos discutir, pero que en principio parece justo. No así el derecho eterno.

    Y fíjate si no es imprescindible extender estos derechos para garantizar la existencia de la creación que Cervantes, al que citas como primer escritor profesional, jamás disfrutó de derecho de autor ninguno. Porque no existía en su época. Pero crear, creó. Y hasta se pudo mantener como creador profesional. Luego puede existir cultura incluso sin ningún tipo de derecho de autor. Hay dudas, en cambio, sobre si podría existir si hubiera ‘propiedad’ intelectual infinita.

    Me acusas de extender, por maldad o desconocimiento, una confusión perniciosa para el futuro de tu profesión. No se te ocurre siquiera que yo mismo soy autor, inmerso en esa misma confusión, deseando no otra cosa que encontrar una salida al problema. Por mí mismo, y por el futuro de la cultura. Yo no confundo términos creativos y mercantiles; vosotros lo hacéis. Tú, y Trapiello, y Marías, cuando solicitáis en vuestras tribunas que se trate la obra intelectual como si fuese una propiedad inmobiliaria, cuando mezcláis el reconocimiento de autoría y la existencia de la cultura con los derechos económicos eternos sobre la creación (o, en tu caso, según explicas, con una utópica ecualización por abajo de la propiedad toda). Ésa es la gripe intelectual a la que me refería, y debe ser contagiosa, porque está apareciendo con sospechosa regularidad en las columnas de muchos autores.

    Abogar por la reforma del actual régimen de derecho de autor para que se adapte mejor al futuro no es estar a favor dela piratería, ni en contra de los autores. Afirmar que algunas de las peticiones que se hacen para resolver el problema (como la ‘propiedad’ intelectual eterna) son perniciosas para la cultura y negativas para la sociedad no es querer que los novelistas se mueran de hambre. Ser autor no implica necesariamente ser defensor del ‘copyright’ extremo. No confundamos autoría con ‘autorismo’. No estar de acuerdo contigo no implica que sea tu enemigo, ni que quiera destruirte.

    Muchas gracias por tu atención e interés, y un saludo.

    PP Cervera

  12. javier (i)

    Antonio Orejudo,

    Es curioso que usted diga que confunde “propiedad” intelectual con “propiedad” mercantil cuando son ustedes los que tasan su cobro en función del coste del papel, de la distribución, del marketing y de la venta de un libro, en una librería bonita, iluminada 24 horas al día.

    El 10% del precio de un libro es una tasa mercantil y una cantidad arbitraria sin justificación alguna.

    Con un libro inmaterial, sin costes de transporte, ni de distribución, ni de marketing, el 10% de suprecio de venta quizá sea insuficiente para que a usted le compense dedicarse a escribir.

    si quiere seguir escribiendo, no le quedará más remedio que esperar a que sus lectores quieran pagarle voluntariamente ese precio que usted pide. Ellos, que apreciarán su obra, querrán que usted siga escribiendo y le pagarán para que a usted le compense.

    ¿Que a sus lectores no les compensa pagar? Ellos dejarán de leer lo que usted escribe y usted tendrá que buscar otra forma de ingreso.

    Yo transformo el aire que respiro, lo contamino, le doy mi impronta, pasa por mis dorados alveolos, le transmito mi propiedad pulmonar y lo devuelvo a la atmósfera.

    ¿Por qué cree que mi propiedad pulmonar es inferior a su propiedad neuronal?

    La cultura no es un bien escaso. Dejó de ser materia económica. Traquetearla entre unos y otros no puede valorarse con algo arbitrario, como el 10% del precio de unas hojas de papel.

    Si la propiedad intelectual se mide en eso durante unos años, se mide muy mal. Supongo que está de acuerdo.

  13. Suso

    Decir “propiedad intelectual” es una metáfora. El término correcto es derechos de autor. El problema de las metáforas es que, si bien en algunos casos iluminan, tienen un alcance limitado, y si confundimos la metáfora con la realidad interpretándola de forma literal inducen a error y sólo añaden confusión.
    Es como si empezamos hablando de las “autopistas de la información” y acabamos pidiendo un carnet por puntos para navegar por internet. (Por cierto, este último ejemplo, por citar al autor, está adaptado de uno aparecido en el Criptonomicon, de Neal Stephenson. Espero no tener que pagarle nada).

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