David Simon y el tótem del periódico

20 Julio 2009 - Escrito por Perogrullo

Adoro a David Simon. Este periodista de la vieja escuela se hartó de no poder contar las historias que quería y debía contar en su periódico The Baltimore Sun, y se marchó para poder contarlas en otros formatos. Y así nos regaló primero libros y después series de TV como The Corner, que analizaba el funcionamiento del negocio de la droga al por menor en las calles de Baltimore, para crear más tarde esa obra maestra llamada The Wire; una disección de la sociedad estadounidense capa a capa que no tiene piedad con las instituciones pero muestra una extraña simpatía por las personas. Simon se marchó de The Baltimore Sun por serias discrepancias con el modo como este antaño gran periódico regional estaba siendo gestionado por sus propietarios, sin ninguna visión ni grandeza, tan sólo intentando aumentar su ya considerable rentabilidad económica mediante despidos y recortes, aunque esto supusiera asesinar su espíritu. Por ello la temporada final de The Wire está dedicada con especial cariño y especial malevolencia a este periódico, con la rabia y la furia que sólo es capaz de acumular un amante despechado o un padre desilusionado por el hijo de gran potencial que desaprovecha su vida.

David Simon últimamente ha hablado en público sobre la crisis de la prensa (pdf), y sobre sus posibles soluciones. En su última propuesta en la Columbia Journalism Review convoca a los dueños de The New York Times y The Washington Post nada menos que a salvar el periodismo por la vía de cobrar sus contenidos en Internet. Su argumento es más largo, complejo y acertado que los habituales que promueven esta idea. Pero no menos equivocado. Simon dice algunas verdades y propone ideas más que salvables. Sin embargo al final sigue atrapado en una mentalidad antigua que iguala periodismo y periódicos diarios, producto de un tiempo en el que el tótem de la prensa, su cúlmen y cúspide, era el periódico. Una mentalidad que confunde el pensamiento y lleva a conclusiones falsas.

Por ejemplo, cuando afirma ‘Content matters. And you must find a way, in the brave new world of digitization, to make people pay for that content’ (el contenido importa. Y en el nuevo mundo de la digitalización hay que encontrar alguna forma de obligar a la gente a pagar por ese contenido), Simon comete una falacia lógica conocida como ‘non sequitur‘, dado que la segunda mitad del argumento no se deduce necesariamente de la primera. Como podrá aseverar cualquier periodista que haya trabajado en radio o en informativos televisivos, que el contenido importe y que lo pague quien lo disfruta son dos cosas independientes. Afirmar que están necesariamente relacionadas es un apriorismo de tamaño astronómico. Por si fuera poco, Simon parece considerar en el artículo que el periodismo estadounidense consiste exactamente en dos periódicos: The New York Times y The Washington Post. Como también considera explícitamente el periodismo e Internet como dos cosas separadas, e implícitamente enemigas.

A pesar de su inteligencia, y de mi admiración, Simon no se priva tampoco de cometer el clásico error de confundir valor y precio cuando afirma que ‘Either you believe that what The New York Times and The Washington Post bring to the table every day has value, or you don’t‘ (o bien crees que lo que ponen sobre la mesa cada día el NYT y el WaPo tiene valor, o no), y de ahí deduce que hay que cobrárselo al lector; algo que ya Antonio Machado tenía claro que es una confusión falaz. Incluso reconoce que ponerse de acuerdo para cerrar el acceso a los periódicos simultáneamente violaría la legislación antimonopolio de los EE UU. Y además, extrañamente, está convencido de que sin los periódicos Internet se quedará vacía (?!), cuando razona que ‘the national and international coverage from the national papers that would no longer be available on the Internet for free‘ (la cobertura nacional e internacional de los periódicos nacionales que ya no estará disponible gratis en Internet) forzará a los lectores a pagar la suscripción. Como si el problema de la Red no fuera la sobreabundancia de información: si los diarios estadounidenses no cuentan las noticias, alguien en alguna parte del planeta lo hará, y todos podremos leerla.

Como no podía ser menos, Simon también cuenta cosas interesantes. Por ejemplo piensa que la crisis original es anterior a Internet y afecta a la dinámica propia de los periódicos, cuando escribe ‘a vibrant newspaper, staffed with competent, paid beat reporters and editors, once offered‘ (como ofreció antaño un periódico vibrante, con una redacción compuesta de reporteros y editores competentes y bien pagados) con el verbo en prominente tiempo pasado. El viejo periodista que hay en Simon habla de old-line, high-end journalism‘ (periodismo del viejo estilo, de alta calidad), es decir, de algo diferente a aquello de lo que Internet está repleta, y con ese tipo de producto quizá el pago podría plantearse. La prueba está en su argumento sobre la televisión: es cierto que la gente paga por la televisión por cable o satélite, en buena parte porque NO es la misma televisión gratuita generalista. Dados los fracasos de experiencias anteriores, para plantearse cobrar por las noticias al lector en Internet primero habría que crear información diferente de alta calidad. Cuando y si aparece esa nueva información podremos discutir si cobrarla o no. Hasta que no exista, la discusión es estéril.

Donde definitivamente fracasa Simon es al olvidarse de que existe otra solución diferente al terrible dilema de la prensa. Una solución que pasa por hacer que funcione la publicidad online, en combinación con nuevos productos informativos diferentes del periódico. Habría que reducir la cobertura a aquellos temas y secciones en los que se pueda añadir valor, y obviar el resto; renunciar a intentar serlo todo para todo el mundo y especializarse para ajustar productos y costes, mientras simultáneamente se hacen crecer los ingresos publicitarios. Habría que renunciar al modelo de producto y de empresa que es el periódico diario. Y esto está un paso más allá de lo que él está dispuesto a dar.

Para David Simon, creador extraordinario y newspaperman clásico de los pies a la cabeza, es inconcebible un periodismo sin periódicos; es imposible una prensa sin diarios, porque ambas cosas son uno y lo mismo. El gran dogma oculto en su visión es que da por supuesto y demostrado que el único posible objetivo del periodismo es crear el paquete exacto de información que es un diario: la secuencia exacta de noticias, empaquetada en las mismas secciones, confeccionada de la misma manera y en una redacción organizada como siempre se ha hecho. Simon argumenta que salvar el periódico es salvar el periodismo. Pero se trata de un axioma, una declaración fundacional que no es necesario demostrar; un a priori del que se deduce el resto de su argumento. En esencia, Simon dice que es necesario cambiarlo todo para que una cosa no cambie: el periódico. Habrá que rehacer el universo de la información entero, si hace falta, para conseguir que el diario-tótem que ha estado tanto tiempo en su centro no cambie ni siquiera un poco.

Y sin embargo cada vez parece más claro que la única manera de salvar el espíritu del periodismo consiste en olvidar el concepto del periódico diario que hoy conocemos. Olvidarse de cubrir todos los temas; no obligarse a dar deportes, obituarios, nacional, internacional y el tiempo, se haga bien o mal, simplemente porque siempre se ha hecho. Concentrarse en temas, en grupos de lectores, en puntos de vista geográficos. Organizar productos informativos con redacciones más pequeñas centradas en dar la mejor información a su público, y sólo ésa, en el formato que sea, y sin ambiciones imperiales. Hace falta escoger, lo que significa que hace falta renunciar. Hace falta cambiar el modelo, como demuestran los experimentos que hoy por hoy mejor están funcionando en el mundo online: Gawker, Politico, The Huffington Post, Slate, The Daily Beast. Productos informativos online que no son ni intentan ser periódicos, sino medios de y en la era de Internet, integrados en la Red, trabajando con ella y no a la contra. Porque para salvar el periodismo quizá haya llegado la hora de acabar por fin con la agonía del diario. Hay que acabar con el tótem del periódico de una vez. Para salvar la industria de los medios y al periodismo.

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