Los periódicos en Internet y la definición de la locura

23 Diciembre 2008 - Escrito por Perogrullo

Locura, dice una cita atribuida a media humanidad, es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes cada vez. Y según avanza la crisis de la prensa tradicional, algunos de sus más lentos defensores se adentran en el terreno de la más absoluta crisis mental. Periodistas estadounidenses están proponiendo para salvar a los periódicos que los diarios dejen de distribuir contenido gratis en la Red, incluso modificando la legislación antitrust para que todos se pongan de acuerdo y cierren sus páginas web simultáneamente al tráfico gratuito. Salvar a la prensa, pilar imprescindible de la democracia, exige acabar con la plaga de la información gratuita en Internet por los medios que sean. Y también con la lógica más elemental, al parecer. Porque la solución que proponen estos intrépidos defensores de la prensa escrita ya se ha intentado, en reiteradas ocasiones, y no funciona. Slate, la revista financiada por Microsoft que hoy es propiedad de The Washington Post, intentó cobrar por sus contenidos, y fracasó. The New York Times intentó cobrar por sus contenidos de mayor calidad y su archivo, y fracasó. El diario español El País intentó cobrar por el acceso a su página web y a servicios complementarios de información, y sólo consiguió perder su liderazgo de audiencia sin obtener suscriptores suficientes a cambio. Los únicos ejemplos que se conocen son Salon, que está sólo parcialmente cerrado, y The Wall Street Journal, que es mucho más que un periódico y que a pesar de ser rentable en la red por suscripción se plantea si el coste en términos de influencia de su edición cerrada web no supera a los beneficios económicos.

No se puede cobrar al usuario por el acceso a la información en Internet, y quien argumente que es la solución a los problemas de la prensa padece de locura. No se puede por una razón teórica evidente, y es que los periódicos ya no controlan el suministro de información en la Red, y por tanto no lo pueden restringir. Si dejan de publicar información sólo se dañan a sí mismos, pero los lectores ni lo notan. La existencia de numerosas fuentes alternativas de información situadas a un clic de distancia imposibilita que los diarios puedan cerrar el grifo. Y si no te pueden cerrar el grifo, si la información la recibes igual, ¿quién va a pagar, y por qué? Aunque la principal razón por la que no se pueden cobrar lo contenidos en la Red es de índole práctica, y es que ya se ha intentado numerosas veces, y no funciona. Hacer lo que no funciona con la esperanza de que esta vez, por alguna razón, las cosas no sean como siempre; ésa es la solución que nos proponen estos defensores de la prensa de calidad. Locura, en el mejor de los casos; estupidez supina, en el peor. Y siendo un sector que vende su conocimiento y su capacidad de análisis, no nos lo podemos permitir. Basta de locuras; ha llegado el momento de replantearnos lo que es el periodismo para salvarlo.

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