La ciencia, la publicidad, y la promiscuidad de nuestros ancestros
El oficio del científico es la verdad; el oficio del periodista es la noticia. A veces, esta diferencia supone un enfrentamiento irremediable, especialmente desde que la financiación del científico depende, al menos en parte, de lo que escribe el periodista. Por eso cada día son más comunes las noticias científicas que proclaman grandes novedades respaldadas por insuficiente evidencia, que después son refutadas. De este modo dos científicos obtienen publicidad para sus investigaciones, y un periodista obtiene dos noticias, la afirmación y la refutación. La única que sufre es la verdad, especialmente cuando ocurre (muy a menudo) que la refutación aparece en letra pequeña en la parte de abajo de una página par. Y esto ocurre no sólo en los periódicos; también en los grandes de la publicación científica como Science o Nature. Valga la introducción como comentario a varias noticias que se han publicado recientemente, unas con mayor impacto que otras, sobre la ascendencia de la humanidad actual. Sobre todo porque permiten introducir en los titulares una pizca de sexo (siempre bienvenido), al proclamar que algunos de nuestros antepasados pudieron practicar algo parecido al bestialismo entre primos. Estudiando secuencias genéticas varias publicaciones recientes han llegado a la conclusión de que nuestros recontratatarabuelos echaron alguna canita al aire, con Neandertales o con alguna otra de las especies de homínidos que coexistieron con nuestra rama en África. ¿Quién es capaz de resistir la tentación del paleoporno en un titular?
Los análisis han usado los fragmentarios datos del genoma neandertal, o bien la comparación de secuencias de muchos grupos humanos actuales, para estimar la probabilidad de que algunos genes presentes hoy en nuestras células puedan provenir de grupos humanos separados desde hace mucho tiempo de nuestra propia evolución. Sabemos, por los datos de la paleontología, que en determinadas épocas del pasado hubo varias especies humanas distintas coexistiendo en diversas zonas del planeta. Sabemos, por los análisis del genoma, que la especie humana actual tiene una variabilidad relativa muy baja, lo que parece implicar que su origen es reciente, que hay en nuestro pasado un evento próximo a la extinción (un ‘cuello de botella’) y que el influjo de genes ajenos, si existió, tuvo que ser mínimo.
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