AOL, Arianna, y el futuro del periodismo barato
Cuando nació, America Online era lo opuesto a Internet. No era culpa suya: eran los años 80, los ordenadores personales llevaban nombres como Commodore 64 y las consolas se llamaban Atari 2600; nadie había oído hablar de una ‘internet’ fuera del círculo de los técnicos informáticos de las universidades, y Reagan ocupaba la Casa Blanca. Los clientes de la empresa que había de convertirse en America Online, luego AOL, compraban un servicio completo por el que pagaban dos facturas: una a su telefónica local por la llamada, y otra en concepto de acceso a la red y los contenidos proporcionados por AOL. La empresa (CVC por entonces) vendía el módem y proporcionaba tanto la carretera como el destino de la misma; eran las Superautopistas de la Comunicación. El servicio, denominado Quantum Link (o Q-Link) desde 1985, se adaptó a los nuevos ordenadores personales que estaban naciendo, como el Macintosh de Apple y el IBM PC, y en 1989 cambió de nombre y adoptó America Online. Una serie de innovaciones, como sistemas de chat, juegos interactivos (algunos por correo electrónico) y los primeros juegos de realidad virtual (MMORPG) ayudaron a crecer a la compañía, que para mediados de los 90 había capitalizado la creciente fiebre de conectividad que se había extendido entre la ciudadanía más ‘geek’. America Online competía por entonces con gigantes similares como CompuServe, GEnie, Prodigy o las breves incursiones en el campo de Apple (e-World) o Microsoft (la MSN original). Hasta las empresas de telecomunicaciones pensaron que el futuro eran este tipo de ‘jardines vallados‘: una misma compañía proporcionando acceso y contenidos bajo el mismo techo, y lanzaron productos como la InfoVía de Telefónica. Y sin embargo los jardines vallados, con sus contenidos de alta calidad, sus sistemas propietarios y su elevada seguridad fueron barridos en la segunda mitad de los 90 por el tsunami de Internet. America Online consiguió sobrevivir reconvirtiéndose en el (por un tiempo) mayor proveedor de acceso a Internet del mundo. Pero desde entonces tiene el corazón partío; su división de creación de contenidos busca un principio rector, una estrategia, alguien que la guíe. La compra del Huffington Post y la incorporación de su líder carismática, Arianna Huffington, como nueva Gran Timonel de contenidos es el último paso que ha dado AOL en una búsqueda de identidad periodística que ya dura décadas.
…
Archivado en Abominación, Primera Plana, Red