La tentación del vandalismo
En un sistema democrático las normas jurídicas con las que uno está en desacuerdo se combaten en el Parlamento. El método correcto para acabar con una ley que uno cree injusta es razonar, persuadir a los representantes democráticos, movilizar a la sociedad. Convencer, en suma, de que las ideas que se defienden son mejores, de que las malas leyes tienen malas consecuencias, de que los derechos han de ser respetados. Para eso nos hemos dotado de un sistema legislativo que se basa en el Parlamento, la Casa de la Palabra, donde las ideas y las propuestas diferentes se hablan y los intereses divergentes se explicitan y se arbitran. Para eso hemos desterrado otros métodos de hacer leyes, más expeditivos y económicos, pero muchos menos dialogantes, como la voluntad de un soberano o la palabra de un ministro. Crear leyes es un ejercicio de diálogo. No porque la democracia sea perfecta, sino porque en la Historia hemos conocido otras alternativas, y eran mucho peores.
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