El amor es una droga interior
Cualquiera que haya disfrutado ambos sabe que los efectos del amor son similares a los de ciertas drogas recreativas. El desaforado estado de ánimo que no responde a estímulos externos normales; la obsesión compulsiva de satisfacer la dosis diaria; el terrible, oscuro, suprimido temor de que en algún momento del futuro se pueda acabar… y por supuesto los espantosos sufrimientos morales y hasta físicos cuando ya no hay más. El síndrome de abstinencia del amor puede ser tan doloroso como el mono de la cocaína, y no es una metáfora, sino una realidad cerebral. Un estudio de la universidad estadounidense de Stony Brook llega a una muy interesante conclusión: no hay diferencias en los mecanismos cerebrales entre una ruptura amorosa y el síndrome de abstinencia de drogas. Cuando te rompen el corazón pasas el mismo tipo de calvario que cuando te quitas de la cocaína a palo seco. O, en otras palabras: el amor es para el cerebro una adicción, en este caso a una droga interior.
El estudio ha analizado un grupo de personas que habían sufrido recientes rupturas amorosas (¿cómo reclutará uno voluntarios para un estudio así?) y ha analizado las regiones activas de su cerebro. En comparación con las áreas normalmente activadas los recién rechazados mostraban actividad inusual en regiones relacionadas con los mecanismos de la motivación, la recompensa y los espasmos de la adicción. Las mismas regiones que se activan cuando un drogadicto está en pleno síndrome de abstinencia, anhelando su droga.
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