Grandes reportajes: The Things That Carried Him

27 Julio 2010 - Escrito por Perogrullo

Una de las más terribles responsabilidades con las que puede cargar un gobernante es enviar jóvenes a la guerra, a su posible (probable) muerte. Las razones de esta decisión pueden ser obvias y claramente justificadas (una invasión o amenaza), o pueden ser mucho menos claras y difíciles de comprender (influencia, compromisos, acomodación), especialmente para aquellos que pueden morir, y que lo hacen. Casi nunca las razones que tienen los soldados para combatir y arriesgar su vida tienen que ver con las realidades desnudas del poder, con el cinismo del cálculo estratégico. Pero morir mueren, a veces por algo tan poco homérico como un quítame allá esos contratos; por una decisión estratégica de mostrar apoyo a un aliado; por un puñado de votos en una elección… Sea cual sea la causa de la guerra, la muerte es siempre la misma. Y un país que envía a sus jóvenes a morir debe respetarlos cuando lo hacen con independencia de cuál es la causa que defendieron, puesto que lucharon y murieron por la gente de ese país. Es una lección que los Estados Unidos parecen haber aprendido bien, quizá del desastre que fue Vietnam: hoy el apoyo social a sus soldados es unánime y cariñoso, incluso por parte de quienes se oponen al modo como se usan las fuerzas armadas o las razones de su despliegue.

El espléndido reportaje de Esquire The Things That Carried Him (las cosas que le llevaron) cuenta en minucioso, obsesivo detalle el viaje del cuerpo de un caído del ejército estadounidense, desde el hospital de campaña en Irak donde murió hasta la tumba en su pueblo de Indiana. En cada paso describe las innumerables muestras de respeto y de amor, grandes y pequeñas, que recibe el cuerpo del soldado muerto por parte de todos aquellos que están encargados del penoso deber del traslado. Todos los implicados se emocionan; desde los soldados que pulimentaron las balas usadas en la salva funeral a los moteros que escoltaron en sus Harleys el coche funeral hasta el cementerio; desde los portadores del féretro, que disimularon para la familia el escaso peso del cadáver (muerto por una bomba) a los pilotos de los aviones ejecutivo que se usan para el transporte dentro del país. Cada momento del recorrido está documentado; cada gesto de solidaridad, de cariño y de respeto es visto y añadido al reportaje en un lenguaje cálido pero no emocional, implicado pero no sentimentaloide, comprensivo pero no patriotero ni histérico. De hecho el reportaje es otra muestra de respeto y amor más para el Sargento Robert Joe Montgomery Jr., y a través suyo a todos los muertos de la guerra. Porque incluso cuando se duda de las razones del combate, un gran país respeta a quienes envía a combatir, y su sacrificio por todos sus compatriotas.

El Jefe de Estado Mayor del Ejército ha ordenado que un general asignado al azar acuda a cada funeral de cada soldado muerto en Irak o Afganistán. La General de Brigada Belinda Pinckney había volado la noche antes desde Washington D.C., tras recibir una petición vía correo electrónico. “Nunca dejas de estar disponible”, dijo Pinckney, una mujer afroamericana con pelo corto y un rostro amable, sus ojos expresivos por encima de las gafas. No sabía a cuántos funerales había ido -”No me gusta llevar la cuenta”- pero recordaba detalles de cada uno de ellos; ciertas caras entre la gente, qué día hacía. Aquí, iba a recordar especialmente a la esposa, Missie, joven y guapa.

“Antes del servicio religioso me fijé en que estaba manteniendo la distancia; tenía ese gesto en la cara”, recordó Pinckney. “Para mí que no estaba enfrentándose a la muerte de su marido, así que decidí acercarme. Fui y le dije ‘¿Cómo está?’. Y muy seria me dijo ‘Bien’. Y yo le dije: ‘Missie, míreme; usted no está bien, y así es como debe ser’. Entonces empezó a llorar, cuando le dije que estaba bien llorar. Y nos acercamos, y yo la abracé y le dije ‘Está bien, está bien, está bien’. Dejó que saliera. Y yo quería eso; yo quería conectar con ella.”

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2 comentarios

  1. pepe

    Cuando cumpli 17 años le dije a mi padre que no haria la mili. Me gane una buena bronca, pero me mantuve firme y finalmente no la hice.

    Hace un siglo quiza todavia existiera alguna guerra a la que se pudiera ir por ideales. Hace un siglo no tenias opcion. Hoy en dia entrar en el ejercito e ir a la guerra es una opcion personal.

    No me da ninguna pena, ni me merece ningun respeto alguien que elije las armas como opcion personal. Que muera de forma violenta es el resultado logico de su eleccion.

    Me parece igual de despreciable el gobernante que decide ir a la guerra, como los soldados que deciden apoyarle. Insisto, hoy en dia ser soldado es una decision personal.

  2. Perogrullo

    Estimado Pepe:

    Las elecciones de cada uno son siempre respetables, sin duda. Pero hay una cosa que el soldado (especialmente el voluntario) hace, que es estar dispuesto a poner en serio riesgo su vida para proteger la de todos nosotros. Puede que no se lo hayamos pedido; puede que nos parezca mal cómo o dónde se usan sus habilidades. Pero creo que una sociedad debe respetar a aquellos de sus miembros que la salvan de peligros incluso a costa de sus vidas.

    Eso incluye, por supuesto, a otras profesiones como policías o bomberos. Y no incluye darles (a ninguna) privilegios políticos. Simplemente, merece un respeto y un reconocimiento quien se declara dispuesto a morir para que no lo haga usted. Y es bueno para todos que la sociedad exprese ese respeto, porque es bueno para la sociedad que existan esas personas, cuyo trabajo es diferente al suyo y el mío.

    Muchas gracias por su interés y atención, y un saludo.

    PP Cervera

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