El problema es cobrar por copia
Una de las claves de la polémica sobre el Derecho de Autor es la absurda fijación de la industria editorial con el cobro ligado a cada copia distribuida de la obra original. Algunos abogados especializados, como Paloma Llaneza en esta entrevista en Cinco Días, están empezando a reconocerlo. Remunerar al autor y al editor en función de las copias vendidas tenía sentido cuando la única manera de distribuir una obra (canción, poema, novela, fotografía, etc) era fijarla sobre un soporte material (disco de vinilo o CD, partitura, DVD, libro). Hoy, con la digitalización y con el poder de distribución que ofrece la libertad de publicación en Internet, es absurdo. Absurdo por imposible, puesto que no se pueden controlar las copias inmateriales, sobre todo cuando realizarlas tiene un coste prácticamente igual a cero. Y absurdo por indeseable, ya que el propósito (y la necesidad) del autor es que su obra se conozca, y las copias ayudan a ello. Hay que encontrar la manera de que autores y editores reciban una compensación por su trabajo. Pero esa manera no puede estar ligada a las copias. El problema no es pagar a quien trabaja la cultura; el problema es querer forzar las cosas para cobrar por copias.
Archivado en Abominación, Mola, Red
28 Diciembre 2009 a las 23:29
En mi opinión la única salida posible es buscar algún mecanismo para ajustar, de una vez por todas, el precio del producto a su valor real.
Por ejemplo: http://otrocanondigital.blogspot.com/
29 Diciembre 2009 a las 0:27
Es cierto. Pero hay otro tema del que nadie habla: la necesidad de que la cultura se difunda universalmente.
Y es increíble que un Ministerio de Cultura defienda poner enormes limitaciones para que la cultura pueda difundirse libremente.
Seguramente dentro de poco tiempo hasta en los sitios mas perdidos y pobres de la tierra tendrán un ordenador conectado a Internet.
Y podrán entonces ver las mismas películas, escuchar la misma música, y leer los mismos libros que en el mundo rico. Se trata de una forma de superar unas enormes desigualdades que se han ido gestando.
Esto puede ser maravilloso si significa que el saber y la cultura estarán por fin al alcance de todos. Y sería absurdo para estas industrias por ejemplo pretender cobrar en el mundo pobre el equivalente a 20 euros por un CD de música.