El nacimiento del ‘hacker’ de combate

18 Diciembre 2009 - Escrito por Perogrullo

Uno de los elementos vulnerables de cualquier fuerza militar son sus líneas de comunicaciones, y una de las constantes de la estrategia desde el principio de los tiempos es que amenazar las del enemigo lo pone a la defensiva, robándole la iniciativa. Si se consiguen cortar, la fuerza enemiga queda seriamente debilitada; tan importante es este aspecto que una de las mayores revoluciones que introdujo la fuerza aérea ha sido la tarea de interdicción, atacando las líneas de comunicaciones enemigas en profundidad. De esta importancia de las comunicaciones se deduce con facilidad que con la llegada en masa de robots teledirigidos al campo de batalla sólo era cuestión de tiempo que apareciera una nueva figura militar: el ‘hacker’ de combate. Al parecer los insurgentes iraquíes ya han dado el primer paso, consiguiendo penetrar las líneas de comunicaciones de los robots teledirigidos Predator y contemplar sus emisiones de televisión.

Con ello no han conseguido mucho, la verdad; apenas ver en tiempo real lo que el enemigo está viendo, que puede en ciertas circunstancias ser de utilidad, pero no proporciona una ventaja decisiva. Por lo que se sabe no han podido modificar lo que ven los operadores de los Predator (lo que les permitiría falsear la inteligencia enemiga) ni modificar su comportamiento; sólo contemplar las imágenes, que incomprensiblemente no están encriptadas. Pero es un primer paso, y habrá más. El punto más débil de cualquier sistema teledirigido es la línea de comunicación por la que llegan las órdenes. Si el enemigo desarrolla sistemas para subvertir el control remoto los robots serán inútiles. O todavía peor: en teoría los robots teledirigidos podrían ser ‘reclutados’ y convertirse en infiltrados mecánicos, en una quinta columna robotizada. Al fin y al cabo usar las propias armas del enemigo contra él es una tradición milenaria, sobre todo en guerras irregulares, o de guerrilla. Y es cuestión de tiempo que eso ocurra, porque los militares estadounidenses no tienen el monopolio de la inteligencia ni del conocimiento técnico. Las únicas dos alternativas son blindar las líneas de comunicaciones mediante encriptación (potencialmente frágil) o dotar a los robots de autonomía, dándoles inteligencia propia. Ésta posibilidad eliminaría la necesidad de una línea de comunicaciones, pero abriría otro tipo de riesgos, y no es invulnerable al ataque potencial. Los robots de combate tienen sus ventajas. Pero también sus inconvenientes, que los ‘hacker’ de combate se apresurarán a intentar aprovechar. Lo peor es que los insurgentes siempre son más rápidos que las burocratizadas fuerzas de los grandes ejércitos. Una de las cosas más peligrosas que puede hacer una fuerza militar es subestimar al enemigo; exactamente lo que ha ocurrido aquí. Los ejércitos occidentales ya están reclutando sus propios ‘hackers’ de combate, pero tendrán que espabilar; o los ciberguerrilleros les vencerán.

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